Construir el camino de la vida
“Si no tomas decisiones por tu vida, otros la tomarán por ti...”
Esa gran verdad muchos no la saben, y define el tipo de vida que tenemos, ya que a veces creemos que somos dueños de nuestras vidas, pero no es así, y somos patéticos esclavos de las ideas y pretensiones de otros.
En realidad somos simples esclavos de una cultura que no elegimos sino que nos fue impuesta.
"Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros." Sartre
Con el margen de posibilidades que nos deja la cultura para decidir sobre nuestra vida, tenemos la obligación moral y espiritual de hacer nuestro camino de vida.
"Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede." (Sartre). Agregaría, “con lo que dejaron de libertad en nosotros...”
En realidad desde lo más cruda teoría podría decirse que somos totalmente libres, que si queremos podemos irnos a cualquier confín alejado del mundo y hacer con nuestra vida lo que mejor se nos ocurra.
Tal vez este sea un pensamiento propio de juventudes. Todos de jóvenes queremos ser libres y pretendemos que no se nos imponga nada. Cuando vamos “madurando” nos damos cuenta que hay muchas cosas que nos atan. Podemos decir que nos encadena la familia, el lugar, los afectos, los trabajos, los amigos y podemos sumar a esta lista miles de cosas. También podemos creer que lo hacemos por decisión propia y no por obligación, seguridad y comodidad. Pero es solo para consolarnos...
Si aún maduramos más nos damos cuenta que si estamos asentados en un lugar, hicimos nuestro refugio y ocupamos un “lugar” no solo físico sino también social, toda idea de cambio se hace más difícil. Nuestra presencia puede haberse hecho más relevante para los que nos rodean, creando la obligación de rendir explicación por nuestros actos y así la idea de libertad iniciales permutaron por una esclavitud consentida y aceptada o bien tolerada sin cuestionamientos.
Sin embargo como la libertad no depende de lo físico sino lo espiritual, siempre tenemos un gran margen de posibilidades.
Puede ser libre un recluso y puede ser esclavo un gran empresario multimillonario. De hecho el que menos tiene también menos ataduras y cadenas posee. Es lógico pensarlo así.
Nadie, ni siquiera la cultura más arraigada puede entrar en nuestro universo espiritual.
Desde allí podemos salir a navegar hacia los limites de la imaginación, hasta los confines del mismo espíritu.
Por eso muchos autores hablan de la libertad del hombre... y otros de su servidumbre.... Ambos tienen razón y ambos están equivocados. Cada uno lo ve desde un aspecto diferente del espectro de posibilidades humana.
El mismo Sartre a mi entender, es ambiguo en este tema, ya que acuñó frases como:
"Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros." o "No somos libres de dejar de ser libres." o "El hombre está condenado a ser libre." o "El hombre nace libre, responsable y sin excusas." La primer frase pones límites a la libertad apuntalándola desde la cultura y las otra las afirma en forma extensiva.
Y para seguir citando a este autor y ser optimista "Todo ha sido descubierto salvo cómo vivir." de la cual estoy de acuerdo.
Posibilidades tenemos, nadie se puede meter en nuestra mente para obligarnos a pensar de un modo particular. De hecho lo intentan, desde las formalidades que establecen las culturas establecidas, pero en la intimidad de la mente no es posible el dominio del ser humano. Se deja dominar el que no piensa. Pensar correctamente, puede liberar de la atadura de la normas culturales establecidas, pero no es fácil hallar el camino del pensamiento correcto.
El resto, que acepta las normas establecidas como reales es dominado, porque no sabe o no quiere saber de su libertad. La mayoría ama las costumbres y rutinas, y las eleva a jerarquías divinas. Ese tal vez sea el peor pecado del ser humano: no saber que se es libre de espíritu. Haber vivido un vida sin saber de la libertad, es haber estado inconsciente, haber dormido toda la vida sin despertar, o simplemente ser un animal humano, que sigue sus instintos irrelevantes de comer, dormir y reproducirse.
Sé que muchos de nosotros entra en el fatal sueño de la conciencia provocado por la comodidad de ser un “ser culturalmente establecido”. La comodidad lleva al sueño, tanto físico como espiritual. Un cuerpo dormido, se recrea y reestablece, pero un espíritu dormido se muere irremisiblemente.
Para vencer el sueño es necesario empezar a despabilar el espíritu con progresivas dosis de aire fresco espiritual. Con el aclarador silencio mental, con el asombro de estar vivos y conscientes, con el estado de conciencia en el presente, nos vamos despertando del ensueño cultural, hasta dejar atrás todo adormecimiento y despertar a la vida con la libertad que nos toca vivir, y debemos vivir, para al menos decir que hemos vivido.
Lic. Alejandro Giosa
Este espacio reproduce los artículos que publico para la revista SOS psicólogo de Francia y otras cosas...
15 diciembre 2008
12 noviembre 2008
27 octubre 2008
Las enfermedades sociales
A pesar que las llamadas enfermedades de la civilización suelen referir a la obesidad, la diabetes, la hipertensión, las cardiopatías, y otros, me gustaría contraponer el aspecto psicológico, que si bien no creo sean las causantes de esas enfermedades, me parece que influyen, ya que cuerpo y mente están interrelacionados.
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la aparente conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para no dejar de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos permitan lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la aparente conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para no dejar de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos permitan lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
12 septiembre 2008
10 agosto 2008
14 abril 2008
07 abril 2008
La estrella

La estrella del iluminado
Una estrella debería iluminar el camino. Pero los senderos ya transitados del camino del iluminado son más bien oscuros. También el futuro es incierto. El que tiene una vida agraciada, no puede asegurar que la seguirá teniendo. Eso define el camino del humano. Apenas ve para atrás y lo que viene es oscuro e impredecible.
Como conducir por una carretera con fuerte lluvia y oscuridad es el proceso de ir viviendo. Bien vendría una estrella que guiara el camino a recorrer. Pero no es así. Hay días más claros, donde se puede vislumbrar más y días totalmente oscuros donde nada es certero.
“Saber de dónde se viene para saber hacia donde se va”. También ofrece dificultad saber dónde empezó el camino. Si con esta vida presente o tal vez desde anteriores existencias. ¿Quién lo sabe realmente?
Saber de dónde venimos en el mejor de los casos podría ser un antecedente predictivo de cómo va a transitar el futuro. Siempre que las leyes de causa y efecto sean efectivas en todas las áreas de la actividad humana y no humana. Es decir en términos más comunes ¿Existe el Karma?.....
La estrella, la buena o mala estrella podría ser el efecto de una causa pasada, reciente o milenaria.....
“Si sabemos de dónde venimos sabemos dónde estamos”. Donde estamos ¿será consecuencia de otros hechos pasados?
Hay gente afortunada. Y también muchos desafortunados. ¡Qué diferencia! En toda vida sobre la tierra puede verse esta diferencia terrible, enorme. Pensando en la vida, nos coloca en situación de aterradora impotencia ver estas diferencias. Nos sumerge en una indefensión mortal tanta dependencia al PODER que guía la “lotería” de la suerte.
Plasmar en la mente una idea así, surgida de una cultura occidental y cristiana, tiene sus consecuencias: Impotencia ante la Lotería de Dios, Vulnerabilidad, Debilidad total, Insignificancia carnal, Desvalorización de la vida. Para otros pocos los de “buena estrella” representa el orgullo, la soberbia y la pretensión de arrogarse todas las propiedades de los egos: la exaltación del espíritu humano que según esta cultura, coincide con la exacerbación de los por éstos llamados “pecados capitales”.
No puede explicarse la buena o mala estrella por esta cultura. Porque los más afortunados muchas, pero muchas veces no tienen atributos santorales. La conclusión podría ser que Dios recompensa la perversión......y castiga la santidad. O juega a los dados con la vida....
Buena o mala estrella, producto de la “lotería” de Dios.....
En la cultura oriental, un poco más “amplia” en el sentido de considerar para la vida del espíritu un lapso de tiempo más largo, la buen estrella, se explica mejor por las leyes (causa - efecto) que por la lotería.
Buenas causas del pasado, sin importar que se sea santo o demonio, producen efectos sobre el presente, acorde con el carácter de la causa. Lo contrario explica la mala fortuna.
Si bien la explicación no cambia el estado del afortunado (o desafortunado) al menos lo hace responsable de las probables acciones del pasado y guía las del presente que causarán su efecto en el futuro.
Además en esta cultura se tienen en cuenta otros factores que consideran la vida como un proceso para un fin y no una simple y aleatoria presencia.
Desde ya que el efecto psicológico que provoca una cultura así es diferente. Por lado un cierto desapego de la vida (puede haber muchas) y por otro una constricción a actuar correctamente, con bondad y equidad como siembra que algún día se ha de cosechar.
Apego y desapego conforman un camino por el que hay que transitar, como los budistas dicen por el “justo camino medio”....
Las estrellas y los “estrellados” pueden explicar así sus vidas, y actuando en consecuencia esperar un futuro mejor. Socialmente las acciones particulares se multiplican pudiendo esperarse un mundo más generoso y amable y no la vorágine proveniente de no tener Ley.
Lic. Alejandro Giosa
Una estrella debería iluminar el camino. Pero los senderos ya transitados del camino del iluminado son más bien oscuros. También el futuro es incierto. El que tiene una vida agraciada, no puede asegurar que la seguirá teniendo. Eso define el camino del humano. Apenas ve para atrás y lo que viene es oscuro e impredecible.
Como conducir por una carretera con fuerte lluvia y oscuridad es el proceso de ir viviendo. Bien vendría una estrella que guiara el camino a recorrer. Pero no es así. Hay días más claros, donde se puede vislumbrar más y días totalmente oscuros donde nada es certero.
“Saber de dónde se viene para saber hacia donde se va”. También ofrece dificultad saber dónde empezó el camino. Si con esta vida presente o tal vez desde anteriores existencias. ¿Quién lo sabe realmente?
Saber de dónde venimos en el mejor de los casos podría ser un antecedente predictivo de cómo va a transitar el futuro. Siempre que las leyes de causa y efecto sean efectivas en todas las áreas de la actividad humana y no humana. Es decir en términos más comunes ¿Existe el Karma?.....
La estrella, la buena o mala estrella podría ser el efecto de una causa pasada, reciente o milenaria.....
“Si sabemos de dónde venimos sabemos dónde estamos”. Donde estamos ¿será consecuencia de otros hechos pasados?
Hay gente afortunada. Y también muchos desafortunados. ¡Qué diferencia! En toda vida sobre la tierra puede verse esta diferencia terrible, enorme. Pensando en la vida, nos coloca en situación de aterradora impotencia ver estas diferencias. Nos sumerge en una indefensión mortal tanta dependencia al PODER que guía la “lotería” de la suerte.
Plasmar en la mente una idea así, surgida de una cultura occidental y cristiana, tiene sus consecuencias: Impotencia ante la Lotería de Dios, Vulnerabilidad, Debilidad total, Insignificancia carnal, Desvalorización de la vida. Para otros pocos los de “buena estrella” representa el orgullo, la soberbia y la pretensión de arrogarse todas las propiedades de los egos: la exaltación del espíritu humano que según esta cultura, coincide con la exacerbación de los por éstos llamados “pecados capitales”.
No puede explicarse la buena o mala estrella por esta cultura. Porque los más afortunados muchas, pero muchas veces no tienen atributos santorales. La conclusión podría ser que Dios recompensa la perversión......y castiga la santidad. O juega a los dados con la vida....
Buena o mala estrella, producto de la “lotería” de Dios.....
En la cultura oriental, un poco más “amplia” en el sentido de considerar para la vida del espíritu un lapso de tiempo más largo, la buen estrella, se explica mejor por las leyes (causa - efecto) que por la lotería.
Buenas causas del pasado, sin importar que se sea santo o demonio, producen efectos sobre el presente, acorde con el carácter de la causa. Lo contrario explica la mala fortuna.
Si bien la explicación no cambia el estado del afortunado (o desafortunado) al menos lo hace responsable de las probables acciones del pasado y guía las del presente que causarán su efecto en el futuro.
Además en esta cultura se tienen en cuenta otros factores que consideran la vida como un proceso para un fin y no una simple y aleatoria presencia.
Desde ya que el efecto psicológico que provoca una cultura así es diferente. Por lado un cierto desapego de la vida (puede haber muchas) y por otro una constricción a actuar correctamente, con bondad y equidad como siembra que algún día se ha de cosechar.
Apego y desapego conforman un camino por el que hay que transitar, como los budistas dicen por el “justo camino medio”....
Las estrellas y los “estrellados” pueden explicar así sus vidas, y actuando en consecuencia esperar un futuro mejor. Socialmente las acciones particulares se multiplican pudiendo esperarse un mundo más generoso y amable y no la vorágine proveniente de no tener Ley.
Lic. Alejandro Giosa
15 febrero 2008
la verdad

La verdad
Periódicamente caigo en la tentación de preguntarme sobre los motivos que nos tienen sobre este mundo.
Tiendo en general a creer que existe una Verdad superior con grandes porcentajes de “objetividad” dentro de las posibles “verdades” que pueden existir.
Sabido es que una verdad vista desde un punto de vista, puede no ser tanto desde otro diferente.
Por eso hablar de verdad como lo hacen las religiones, por ejemplo, es una pretensión demasiado elevada para considerarla con seriedad.
En una de esas ocasiones en que me pregunté sobre “la verdad” pensé que a través de los siglos de historia documentada no hubo grandes avances respecto al hallazgo de la “verdad”, es decir, qué es la vida, para que estamos, quienes somos, hacia dónde vamos, etc.
Y si bien algunos tal vez llegaron a vislumbrar algo más sobre los “otros mundos” calculo que no pudieron hacer mucho para propagar sus descubrimientos en otras personas y así lograr difundir sus aprendizajes.
¿Podrá ser que en realidad no tenemos que saber más de lo que sabemos? ¿y si nuestra misión es vivir en esta inconsciencia?
Entonces se me ocurrió pensar que aunque exista un pasado (otras vidas) o un futuro tocando el arpa, o cualquier otro tipo de existencia, antes o después de esta vida, no nos corresponde saber más que lo que sabemos. Tenemos que arreglarnos con lo que tenemos y aprendemos.
Sin embargo pienso que sí hay algo más. Pero nada de eso debería preocuparnos. Igual pasa con cualquier tarea que requiera de toda nuestra atención, en la cual nos concentramos en lo que hacemos y nada exterior a eso debe impacientarnos. Solo importa lo que estamos realizando en ese momento. Los deportes por ejemplo consumen toda nuestra atención y es necesario estar atento a lo que se está haciendo para poder desempeñar el lugar que nos corresponde.
En la vida tal vez sea igual, se nos “manda” medio inconscientes a un mundo en el que tenemos que desarrollar nuestro aprendizaje de acuerdo a ciertos “conocimientos” que “traemos” como legado, puliendo y perfeccionando nuestras experiencias con intención de lograr “la buena forma de vivir” como meta hipotética.
Creo que todos tenemos un “legado” ya que somos todos diferentes y tenemos distintas potencialidades, habilidades y hasta conocimientos que sorprendentemente poseemos en forma innata.
No concibo una forma mas lógica de pensar el porqué somos seres tan diferentes “de entrada”.
Y aquí en el mundo de acuerdo a cómo vamos aprendiendo y desempeñando nuestras vidas, producimos un salto cualitativo que seguramente (ya que nada se pierde y todo se transforma) redundará en algo para alguien algún día.....
Es que parece que no es fácil lograr ser muy virtuoso en este mundo. Lamentablemente es como remar contra la corriente. Sino no se verían tantos sacerdotes involucrados en faltas éticas graves, cuando se supone que tienen todas las condiciones de vida necesarias para llevar una vida virtuosa, entendida la virtud como una forma de vivir la vida del mejor modo para uno y para los que nos rodean.
Parecería, de este modo de ver las cosas, que la vida es como un juego en el que nos “ponen” para que hagamos “nuestras cosas” y vayamos entendiendo cuál es la forma de vivir más eficaz, entendiendo la eficacia del mismo modo que la virtud: el mejor modo para uno y para los que nos rodean es decir, la acción en la que ganamos todos.
Y no es fácil llegar a la “virtud” o la “eficacia” ya que ante todo necesitamos una mente “ecológica” que nos permita ver con mucha amplitud y consideración todo lo que nos rodea.
Eso es lo único certero: se vive mejor siendo “ecológico”, y tal vez esa sea nuestra misión en este mundo: llegar a aprender que la acción “optima” es la que nos permite ganar a nosotros como individuos y la que a la vez permite ganar al que tenemos cerca y a todo lo que nos rodea.
Se me ocurre pensar que esa es la verdad que necesitamos conocer para vivir nuestra vida. No sé cuál es el premio, ni cuáles son los castigos por no lograrlo (aunque probablemente el castigo sea vivir las consecuencias de la acción “incorrectamente ecológica”). No estamos en situación de ver más allá de eso. No merecemos tal vez tener ese interrogante. Podría ser que venimos de un mundo (espiritual) en el que la “ecología” es naturalmente perfecta, y la verdad indiscutida. Este mundo material está lejos de esa perfección y verdad. Aprender en este mundo es cuestión de “vida o muerte” espiritual, el lugar perfecto para aprender y tal vez algún día disfrutar de la perfección sabiendo muy bien el precio que hay que pagar por ella.
Lic. Alejandro Giosa
Periódicamente caigo en la tentación de preguntarme sobre los motivos que nos tienen sobre este mundo.
Tiendo en general a creer que existe una Verdad superior con grandes porcentajes de “objetividad” dentro de las posibles “verdades” que pueden existir.
Sabido es que una verdad vista desde un punto de vista, puede no ser tanto desde otro diferente.
Por eso hablar de verdad como lo hacen las religiones, por ejemplo, es una pretensión demasiado elevada para considerarla con seriedad.
En una de esas ocasiones en que me pregunté sobre “la verdad” pensé que a través de los siglos de historia documentada no hubo grandes avances respecto al hallazgo de la “verdad”, es decir, qué es la vida, para que estamos, quienes somos, hacia dónde vamos, etc.
Y si bien algunos tal vez llegaron a vislumbrar algo más sobre los “otros mundos” calculo que no pudieron hacer mucho para propagar sus descubrimientos en otras personas y así lograr difundir sus aprendizajes.
¿Podrá ser que en realidad no tenemos que saber más de lo que sabemos? ¿y si nuestra misión es vivir en esta inconsciencia?
Entonces se me ocurrió pensar que aunque exista un pasado (otras vidas) o un futuro tocando el arpa, o cualquier otro tipo de existencia, antes o después de esta vida, no nos corresponde saber más que lo que sabemos. Tenemos que arreglarnos con lo que tenemos y aprendemos.
Sin embargo pienso que sí hay algo más. Pero nada de eso debería preocuparnos. Igual pasa con cualquier tarea que requiera de toda nuestra atención, en la cual nos concentramos en lo que hacemos y nada exterior a eso debe impacientarnos. Solo importa lo que estamos realizando en ese momento. Los deportes por ejemplo consumen toda nuestra atención y es necesario estar atento a lo que se está haciendo para poder desempeñar el lugar que nos corresponde.
En la vida tal vez sea igual, se nos “manda” medio inconscientes a un mundo en el que tenemos que desarrollar nuestro aprendizaje de acuerdo a ciertos “conocimientos” que “traemos” como legado, puliendo y perfeccionando nuestras experiencias con intención de lograr “la buena forma de vivir” como meta hipotética.
Creo que todos tenemos un “legado” ya que somos todos diferentes y tenemos distintas potencialidades, habilidades y hasta conocimientos que sorprendentemente poseemos en forma innata.
No concibo una forma mas lógica de pensar el porqué somos seres tan diferentes “de entrada”.
Y aquí en el mundo de acuerdo a cómo vamos aprendiendo y desempeñando nuestras vidas, producimos un salto cualitativo que seguramente (ya que nada se pierde y todo se transforma) redundará en algo para alguien algún día.....
Es que parece que no es fácil lograr ser muy virtuoso en este mundo. Lamentablemente es como remar contra la corriente. Sino no se verían tantos sacerdotes involucrados en faltas éticas graves, cuando se supone que tienen todas las condiciones de vida necesarias para llevar una vida virtuosa, entendida la virtud como una forma de vivir la vida del mejor modo para uno y para los que nos rodean.
Parecería, de este modo de ver las cosas, que la vida es como un juego en el que nos “ponen” para que hagamos “nuestras cosas” y vayamos entendiendo cuál es la forma de vivir más eficaz, entendiendo la eficacia del mismo modo que la virtud: el mejor modo para uno y para los que nos rodean es decir, la acción en la que ganamos todos.
Y no es fácil llegar a la “virtud” o la “eficacia” ya que ante todo necesitamos una mente “ecológica” que nos permita ver con mucha amplitud y consideración todo lo que nos rodea.
Eso es lo único certero: se vive mejor siendo “ecológico”, y tal vez esa sea nuestra misión en este mundo: llegar a aprender que la acción “optima” es la que nos permite ganar a nosotros como individuos y la que a la vez permite ganar al que tenemos cerca y a todo lo que nos rodea.
Se me ocurre pensar que esa es la verdad que necesitamos conocer para vivir nuestra vida. No sé cuál es el premio, ni cuáles son los castigos por no lograrlo (aunque probablemente el castigo sea vivir las consecuencias de la acción “incorrectamente ecológica”). No estamos en situación de ver más allá de eso. No merecemos tal vez tener ese interrogante. Podría ser que venimos de un mundo (espiritual) en el que la “ecología” es naturalmente perfecta, y la verdad indiscutida. Este mundo material está lejos de esa perfección y verdad. Aprender en este mundo es cuestión de “vida o muerte” espiritual, el lugar perfecto para aprender y tal vez algún día disfrutar de la perfección sabiendo muy bien el precio que hay que pagar por ella.
Lic. Alejandro Giosa
14 enero 2008
coraje
Coraje
Voy a hacer algunas reflexiones previas, un tanto inconexas al principio respecto al coraje.
“Le cuesta al cuerpo tener coraje porque el cuerpo sufre, le duele el trabajo.
En nuestra imaginación podemos ser súper héroes. Con mucho coraje, pero eso es porque no duele. Cuando hay que poner el cuerpo y el esfuerzo la cosa cambia.
Podría decir que al espíritu no le hace falta coraje para Ser con total plenitud, pero al cuerpo lo acobarda el sacrificio y el dolor.
Coraje y pereza. La pereza ataca al coraje y no la deja vivir.
Tener coraje significa haber vencido a la pereza.
La constancia es la semilla del coraje y la mayor enemiga de la pereza.”
Me gustaría hablar del coraje que yo llamaría “verdadero” coraje más allá de toda proeza material: El coraje de vivir la vida haciendo lo mejor que sea posible hacer por un ser humano, como el referente que hace Kant al hablar del imperativo categórico.
Considero que la vida puede vivirse de tres modos (como para hacer una simple enumeración): vivir la vida, sobrevivir la vida y supervivir la vida.
Vivir la vida es lo que hacemos todos, nos procurarnos las necesidades básicas y tratamos de encontrar la felicidad la mayor cantidad de veces posible.
Sobrevivir la vida considero que podría llamarse vivir pero con algunos preceptos fundamentales (tres) a saber:
-amarse a uno mismo (autoestima) manifestando siempre amor hasta en las peores circunstancias, nunca tener pensamientos de odio, rechazo o apatía por el cuerpo, la mente ni el espíritu.
-vivir sin quejas, ni de lo que nos toca hacer, ni por lo que poseemos ni por lo que somos: no quejarnos de nada.
-tener ansias espirituales, de avance en cuanto a las virtudes, la satisfacción de lo que la vida nos da y muchas ganas de estar bien y que los que nos rodean también estén bien.
Respecto a la última clasificación que nombré es decir la de supervivir la vida, consistiría en llevar una vida disciplinada en busca de las potencialidades del espíritu, con muchas actividades positivas para el crecimiento interno que abarquen por su puesto las virtudes del ítem anterior “sobrevivir la vida”. Una vida con costumbres de prácticas que embellezcan al espíritu y que tengan la propiedad de ser permanentes, indeclinables, y súper constantes, transforman al hombre en una súper maquina que todo lo puede.
Una persona constante puede lograrlo todo. No importa su inteligencia ni sus capacidades innatas, ni su dinero, ni su tiempo, ni excusa alguna de las que solemos usar. La constancia lo puede lograr todo, y una persona con constancia en busca de un objetivo es una persona a la que yo consideraría como la del máximo coraje posible. No hay obstáculo que le ponga freno a los objetivos de un ser humano con férrea determinación. Si no encuentra su camino por un lado, prueba incansablemente hasta que lo encuentra. Coraje entendido como “valor para hacer una cosa” se manifiesta en la persona constante como primera virtud. No puede entonces haber alguien con más coraje que una persona constante en busca de su espíritu.
Voy a hacer algunas reflexiones previas, un tanto inconexas al principio respecto al coraje.
“Le cuesta al cuerpo tener coraje porque el cuerpo sufre, le duele el trabajo.
En nuestra imaginación podemos ser súper héroes. Con mucho coraje, pero eso es porque no duele. Cuando hay que poner el cuerpo y el esfuerzo la cosa cambia.
Podría decir que al espíritu no le hace falta coraje para Ser con total plenitud, pero al cuerpo lo acobarda el sacrificio y el dolor.
Coraje y pereza. La pereza ataca al coraje y no la deja vivir.
Tener coraje significa haber vencido a la pereza.
La constancia es la semilla del coraje y la mayor enemiga de la pereza.”
Me gustaría hablar del coraje que yo llamaría “verdadero” coraje más allá de toda proeza material: El coraje de vivir la vida haciendo lo mejor que sea posible hacer por un ser humano, como el referente que hace Kant al hablar del imperativo categórico.
Considero que la vida puede vivirse de tres modos (como para hacer una simple enumeración): vivir la vida, sobrevivir la vida y supervivir la vida.
Vivir la vida es lo que hacemos todos, nos procurarnos las necesidades básicas y tratamos de encontrar la felicidad la mayor cantidad de veces posible.
Sobrevivir la vida considero que podría llamarse vivir pero con algunos preceptos fundamentales (tres) a saber:
-amarse a uno mismo (autoestima) manifestando siempre amor hasta en las peores circunstancias, nunca tener pensamientos de odio, rechazo o apatía por el cuerpo, la mente ni el espíritu.
-vivir sin quejas, ni de lo que nos toca hacer, ni por lo que poseemos ni por lo que somos: no quejarnos de nada.
-tener ansias espirituales, de avance en cuanto a las virtudes, la satisfacción de lo que la vida nos da y muchas ganas de estar bien y que los que nos rodean también estén bien.
Respecto a la última clasificación que nombré es decir la de supervivir la vida, consistiría en llevar una vida disciplinada en busca de las potencialidades del espíritu, con muchas actividades positivas para el crecimiento interno que abarquen por su puesto las virtudes del ítem anterior “sobrevivir la vida”. Una vida con costumbres de prácticas que embellezcan al espíritu y que tengan la propiedad de ser permanentes, indeclinables, y súper constantes, transforman al hombre en una súper maquina que todo lo puede.
Una persona constante puede lograrlo todo. No importa su inteligencia ni sus capacidades innatas, ni su dinero, ni su tiempo, ni excusa alguna de las que solemos usar. La constancia lo puede lograr todo, y una persona con constancia en busca de un objetivo es una persona a la que yo consideraría como la del máximo coraje posible. No hay obstáculo que le ponga freno a los objetivos de un ser humano con férrea determinación. Si no encuentra su camino por un lado, prueba incansablemente hasta que lo encuentra. Coraje entendido como “valor para hacer una cosa” se manifiesta en la persona constante como primera virtud. No puede entonces haber alguien con más coraje que una persona constante en busca de su espíritu.
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