15 febrero 2008

la verdad


La verdad
Periódicamente caigo en la tentación de preguntarme sobre los motivos que nos tienen sobre este mundo.
Tiendo en general a creer que existe una Verdad superior con grandes porcentajes de “objetividad” dentro de las posibles “verdades” que pueden existir.
Sabido es que una verdad vista desde un punto de vista, puede no ser tanto desde otro diferente.
Por eso hablar de verdad como lo hacen las religiones, por ejemplo, es una pretensión demasiado elevada para considerarla con seriedad.
En una de esas ocasiones en que me pregunté sobre “la verdad” pensé que a través de los siglos de historia documentada no hubo grandes avances respecto al hallazgo de la “verdad”, es decir, qué es la vida, para que estamos, quienes somos, hacia dónde vamos, etc.
Y si bien algunos tal vez llegaron a vislumbrar algo más sobre los “otros mundos” calculo que no pudieron hacer mucho para propagar sus descubrimientos en otras personas y así lograr difundir sus aprendizajes.
¿Podrá ser que en realidad no tenemos que saber más de lo que sabemos? ¿y si nuestra misión es vivir en esta inconsciencia?
Entonces se me ocurrió pensar que aunque exista un pasado (otras vidas) o un futuro tocando el arpa, o cualquier otro tipo de existencia, antes o después de esta vida, no nos corresponde saber más que lo que sabemos. Tenemos que arreglarnos con lo que tenemos y aprendemos.
Sin embargo pienso que sí hay algo más. Pero nada de eso debería preocuparnos. Igual pasa con cualquier tarea que requiera de toda nuestra atención, en la cual nos concentramos en lo que hacemos y nada exterior a eso debe impacientarnos. Solo importa lo que estamos realizando en ese momento. Los deportes por ejemplo consumen toda nuestra atención y es necesario estar atento a lo que se está haciendo para poder desempeñar el lugar que nos corresponde.
En la vida tal vez sea igual, se nos “manda” medio inconscientes a un mundo en el que tenemos que desarrollar nuestro aprendizaje de acuerdo a ciertos “conocimientos” que “traemos” como legado, puliendo y perfeccionando nuestras experiencias con intención de lograr “la buena forma de vivir” como meta hipotética.
Creo que todos tenemos un “legado” ya que somos todos diferentes y tenemos distintas potencialidades, habilidades y hasta conocimientos que sorprendentemente poseemos en forma innata.
No concibo una forma mas lógica de pensar el porqué somos seres tan diferentes “de entrada”.
Y aquí en el mundo de acuerdo a cómo vamos aprendiendo y desempeñando nuestras vidas, producimos un salto cualitativo que seguramente (ya que nada se pierde y todo se transforma) redundará en algo para alguien algún día.....
Es que parece que no es fácil lograr ser muy virtuoso en este mundo. Lamentablemente es como remar contra la corriente. Sino no se verían tantos sacerdotes involucrados en faltas éticas graves, cuando se supone que tienen todas las condiciones de vida necesarias para llevar una vida virtuosa, entendida la virtud como una forma de vivir la vida del mejor modo para uno y para los que nos rodean.
Parecería, de este modo de ver las cosas, que la vida es como un juego en el que nos “ponen” para que hagamos “nuestras cosas” y vayamos entendiendo cuál es la forma de vivir más eficaz, entendiendo la eficacia del mismo modo que la virtud: el mejor modo para uno y para los que nos rodean es decir, la acción en la que ganamos todos.
Y no es fácil llegar a la “virtud” o la “eficacia” ya que ante todo necesitamos una mente “ecológica” que nos permita ver con mucha amplitud y consideración todo lo que nos rodea.
Eso es lo único certero: se vive mejor siendo “ecológico”, y tal vez esa sea nuestra misión en este mundo: llegar a aprender que la acción “optima” es la que nos permite ganar a nosotros como individuos y la que a la vez permite ganar al que tenemos cerca y a todo lo que nos rodea.
Se me ocurre pensar que esa es la verdad que necesitamos conocer para vivir nuestra vida. No sé cuál es el premio, ni cuáles son los castigos por no lograrlo (aunque probablemente el castigo sea vivir las consecuencias de la acción “incorrectamente ecológica”). No estamos en situación de ver más allá de eso. No merecemos tal vez tener ese interrogante. Podría ser que venimos de un mundo (espiritual) en el que la “ecología” es naturalmente perfecta, y la verdad indiscutida. Este mundo material está lejos de esa perfección y verdad. Aprender en este mundo es cuestión de “vida o muerte” espiritual, el lugar perfecto para aprender y tal vez algún día disfrutar de la perfección sabiendo muy bien el precio que hay que pagar por ella.

Lic. Alejandro Giosa