Este espacio reproduce los artículos que publico para la revista SOS psicólogo de Francia y otras cosas...
27 octubre 2008
Las enfermedades sociales
A pesar que las llamadas enfermedades de la civilización suelen referir a la obesidad, la diabetes, la hipertensión, las cardiopatías, y otros, me gustaría contraponer el aspecto psicológico, que si bien no creo sean las causantes de esas enfermedades, me parece que influyen, ya que cuerpo y mente están interrelacionados.
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la aparente conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para no dejar de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos permitan lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la aparente conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para no dejar de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos permitan lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
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