15 diciembre 2008

El camino de la vida

Construir el camino de la vida

“Si no tomas decisiones por tu vida, otros la tomarán por ti...”
Esa gran verdad muchos no la saben, y define el tipo de vida que tenemos, ya que a veces creemos que somos dueños de nuestras vidas, pero no es así, y somos patéticos esclavos de las ideas y pretensiones de otros.
En realidad somos simples esclavos de una cultura que no elegimos sino que nos fue impuesta.
"Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros." Sartre
Con el margen de posibilidades que nos deja la cultura para decidir sobre nuestra vida, tenemos la obligación moral y espiritual de hacer nuestro camino de vida.
"Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede." (Sartre). Agregaría, “con lo que dejaron de libertad en nosotros...”
En realidad desde lo más cruda teoría podría decirse que somos totalmente libres, que si queremos podemos irnos a cualquier confín alejado del mundo y hacer con nuestra vida lo que mejor se nos ocurra.
Tal vez este sea un pensamiento propio de juventudes. Todos de jóvenes queremos ser libres y pretendemos que no se nos imponga nada. Cuando vamos “madurando” nos damos cuenta que hay muchas cosas que nos atan. Podemos decir que nos encadena la familia, el lugar, los afectos, los trabajos, los amigos y podemos sumar a esta lista miles de cosas. También podemos creer que lo hacemos por decisión propia y no por obligación, seguridad y comodidad. Pero es solo para consolarnos...
Si aún maduramos más nos damos cuenta que si estamos asentados en un lugar, hicimos nuestro refugio y ocupamos un “lugar” no solo físico sino también social, toda idea de cambio se hace más difícil. Nuestra presencia puede haberse hecho más relevante para los que nos rodean, creando la obligación de rendir explicación por nuestros actos y así la idea de libertad iniciales permutaron por una esclavitud consentida y aceptada o bien tolerada sin cuestionamientos.
Sin embargo como la libertad no depende de lo físico sino lo espiritual, siempre tenemos un gran margen de posibilidades.
Puede ser libre un recluso y puede ser esclavo un gran empresario multimillonario. De hecho el que menos tiene también menos ataduras y cadenas posee. Es lógico pensarlo así.
Nadie, ni siquiera la cultura más arraigada puede entrar en nuestro universo espiritual.
Desde allí podemos salir a navegar hacia los limites de la imaginación, hasta los confines del mismo espíritu.
Por eso muchos autores hablan de la libertad del hombre... y otros de su servidumbre.... Ambos tienen razón y ambos están equivocados. Cada uno lo ve desde un aspecto diferente del espectro de posibilidades humana.
El mismo Sartre a mi entender, es ambiguo en este tema, ya que acuñó frases como:
"Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros." o "No somos libres de dejar de ser libres." o "El hombre está condenado a ser libre." o "El hombre nace libre, responsable y sin excusas." La primer frase pones límites a la libertad apuntalándola desde la cultura y las otra las afirma en forma extensiva.
Y para seguir citando a este autor y ser optimista "Todo ha sido descubierto salvo cómo vivir." de la cual estoy de acuerdo.
Posibilidades tenemos, nadie se puede meter en nuestra mente para obligarnos a pensar de un modo particular. De hecho lo intentan, desde las formalidades que establecen las culturas establecidas, pero en la intimidad de la mente no es posible el dominio del ser humano. Se deja dominar el que no piensa. Pensar correctamente, puede liberar de la atadura de la normas culturales establecidas, pero no es fácil hallar el camino del pensamiento correcto.
El resto, que acepta las normas establecidas como reales es dominado, porque no sabe o no quiere saber de su libertad. La mayoría ama las costumbres y rutinas, y las eleva a jerarquías divinas. Ese tal vez sea el peor pecado del ser humano: no saber que se es libre de espíritu. Haber vivido un vida sin saber de la libertad, es haber estado inconsciente, haber dormido toda la vida sin despertar, o simplemente ser un animal humano, que sigue sus instintos irrelevantes de comer, dormir y reproducirse.
Sé que muchos de nosotros entra en el fatal sueño de la conciencia provocado por la comodidad de ser un “ser culturalmente establecido”. La comodidad lleva al sueño, tanto físico como espiritual. Un cuerpo dormido, se recrea y reestablece, pero un espíritu dormido se muere irremisiblemente.
Para vencer el sueño es necesario empezar a despabilar el espíritu con progresivas dosis de aire fresco espiritual. Con el aclarador silencio mental, con el asombro de estar vivos y conscientes, con el estado de conciencia en el presente, nos vamos despertando del ensueño cultural, hasta dejar atrás todo adormecimiento y despertar a la vida con la libertad que nos toca vivir, y debemos vivir, para al menos decir que hemos vivido.

Lic. Alejandro Giosa