Quien conoce el camino, es difícil que se pierda.
¿Pero cómo se hace para conocer? Se conocen las cosas por haberlas hecho, aunque sea alguna vez. Pero antes de haberlas hecho no se las conocía.
Se conocen las cosas por haber estudiado previamente cómo son. Pero antes de aprender, no se las sabía.
Se conocen las cosas por contar con una guía, mapa o descripción de un proceso. Pero sin nada de esto, ni antes de esto, no es posible estar bien orientado.
El riesgo de perderse siempre está, porque no nacimos con experiencias, conocimientos o mapas que nos den alguna certeza de dónde estamos y hacia donde podemos ir.
Durante la vida, a veces creemos que sabemos algo, pero muchas veces las cosas cambian, como todo cambia y nos volvemos a perder.
Y para tener experiencias, poder estudiar, o interpretar guías, necesitamos de percepción clara y entendimiento certero.
Bueno ya están las ideas principales para establecer los:
REQUISITOS PARA NO PERDERSE
Los requisitos para recorrer los caminos son variados y hay que cumplirlos todos, para resguardar un buen viaje.
Los motivos para perderse son muchos y hasta el caminante más idóneo puede desperdiciarse porque a veces pasa que el que se pierde es el camino…
Ese es otro problema, que escapa a nuestras previsiones. La más sofisticada preparación para transitar por los caminos desconocidos, y por aquellos ya transitados, se puede ver diezmada por un cambio repentino del mismo.
Lo mejor es siempre, además de prepararse para el viaje, llevar algún copiloto, que nos ayude a mantener el sendero. La dificultad es encontrar alguien que quiera ir al mismo lugar que nosotros queremos o al menos que coincida en parte del recorrido.
Tal vez necesitemos de varias diferentes compañías para completar nuestro viaje.
Y hay que ver si llegamos a destino.
O al menos lo bueno sería transitar una buena extensión, como para demostrar que pudimos avanzar algo.
Una forma de prepararnos para iniciar el viaje es estudiando la cartografía. Dotarnos de mapas del lugar del inicio, el recorrido y del destino de nuestro viaje.
Otra forma de recorrer un camino, sin problemas y sin perderse sería haberlo ya recorrido…
Aunque no es garantía de volver a tener éxito en la senda. El olvido puede jugarnos una mala pasada.
Siempre está la posibilidad de que alguien nos guíe paso a paso, ya sea en presencia o a distancia. Tampoco podemos garantizar los resultados. A veces algunas personas aparentan saber más de lo que saben. No nos conviene entregar nuestro destino a otros…
También podemos a través de largas noches de meditación desarrollar la intuición y eso nos ayudará a tomar decisiones cuando tengamos que elegir entre el camino de la derecha y el de la izquierda. Un poco de yoga, meditación trascendental y de las otras, y algunos rezos también ayudan. Además ayuda un buen entrenamiento aeróbico, un poco de trote, y algo de gimnasia.
Igualmente no hay garantía de tener éxito en recorrer el camino.
Las artes ocultas pueden usarse para saber de antemano si llegaremos al éxito, o no, y además saber si tendremos dificultades y de qué tipo.
Eso sí, tenemos que asegurarnos que no nos saquen la plata, y nos brinden un servicio serio y calificado, y si las predicciones tienen algún tipo de garantía. En caso contrario lo mejor es desistir del tema.
Siempre es bueno tener seguro contra pérdidas, es decir alguien que nos pague nuestras equivocaciones. Lamentablemente es a veces difícil de encontrar quién nos cubra, y si lo hacen, muchas veces al momento de reclamar no obtenemos los resultados esperados.
Es común que la gente no quiera hacerse responsable de nosotros, lamentablemente.
No hay entonces, todavía, garantía de no perdernos.
Hay también opciones un poco más drásticas y a primera vista burdas y descabelladas pero que sin embargo fueron usadas a lo largo de la historia para no perderse: dejar señales en el camino. Al menos esto nos permitirá retroceder por buen camino si llegamos a perdernos en algún momento. También nos da la oportunidad de volver al inicio. Aunque todo buen caminante sabe que jamás puede volver al inicio.
Perderse en última instancia y a la vista de esta última revelación, no sería tan grave. ¿Perderse de donde? ¿Perderse de qué?
Es difícil perderse cuando todo cambia, nada permanece y no hay ningún punto de inicio. ¿No estaremos perdiendo el tiempo en realidad por tanto miedo a perderse? ¿No sería más interesante aprender a perderse, y señalar mejor los «Requisitos para perderse»?
Este espacio reproduce los artículos que publico para la revista SOS psicólogo de Francia y otras cosas...
22 marzo 2010
01 marzo 2010
18 diciembre 2009
El hábito no hace al monje, hoy más que nunca...
El hábito es costumbre. En el caso del monje el hábito es su vestimenta. Y podría significar que el monje tiene por costumbre usar ropa. Es decir un tipo especial de ropa, lo que hace que su hábito sea su ropa de monje, que además de su hábito, es su costumbre…
Como quiera que sea, su ropa o su costumbre, estamos hablando de cosas materiales (ropa) o de acciones mecánicas repetitivas (costumbre).
En el caso del monje es muy evidente cuándo no se cumple con los hábitos, ya que el habito lo delata, (es algo desagradable encontrarse con un monje sin ropa…) o haciendo cosas que no le corresponde.
En el caso de los psicólogos por ejemplo es más difícil saber cuando se está actuando como persona o como psicólogo. No tenemos una vestimenta que nos defina. A veces uno da una opinión como psicólogo y creen que lo que estamos diciendo lo decimos como pensamientos personales. Y lo contrario también pasa, no damos una opinión cuando esta afectaría negativamente a la persona. Si el médico está con un paciente moribundo irremediablemente, no debería darle su opinión al mismo. Siempre puede haber milagros y además de nada vale preocupar al que no puede hacer nada por remediarlo.
Tuve un profesor en la facultad que decía que el hábito de los médicos, de usar guardapolvo es importante, porque lo usan como “escudo” que los protege de la gente que lo rodea. Supongo que quería decir que el uniforme lo identifica con un “status” determinado que culturalmente significa un trato particular, que le da autoridad para decidir, opinar y también para tener sus reservas. Lo mismo que en el caso de los policías no es lo mismo que nos “hable” un uniformado que la misma persona estando de civil.
Creo que el uso de una indumentaria determinada ayuda a establecer las referencias que se necesitan dentro de una organización para poder seguir organizados. De hecho la no uniformización se entiende generalmente como una desclasificación de las responsabilidades. Estar uniformados contribuye a la organización, pero no garantiza que las funciones que representan sean las que se cumplen. El hábito no hace al monje…y hoy esto se da más que nunca.
El uniforme establece lo que uno tiene que hacer y decir dentro de una organización. Pero si bien las funciones la mayoría de los casos, deben cumplirse, los pensamientos del uniformado no siempre coinciden con lo que se dice.
En realidad en esta nueva cultura posmoderna, está bien visto que uno no piense lo mismo de lo que “tiene” que decir, porque sino se estaría afectando la libertad de pensamiento, que es tan sagrada como el voto secreto, y bien relacionado que están entre ellos…
Esto parecería que lleva a un alto grado de hipocresía, porque que un monje católico no crea en Dios o que un policía no crea en la justicia, o que alguien diga ser de un partido y vote a otro, no implica ningún desequilibrio. La flexibilidad en la opinión (al igual que la flexibilidad laboral) son pilares de la sociedad neoliberal actual. Es fundamental para que este régimen siga vigente, y con gran capacidad de generar beneficios económicos para esos pocos afortunados.... Se invierte mucho en mantener las cosas así. El hábito no hace al monje, y qué bueno que sea así…sino lo fuera la gente podría tener ideologías rígidas y fuertes y eso podría desequilibrar el maravilloso sistema imperante. Si todos se creyeran la función que ocupan, e hicieran lo que tienen que hacer y pensaran lo que tienen que pensar, no podría haber políticos corruptos que vayan tras el dinero y el poder. No podrían gobernar los presidentes que tenemos. La flexibilidad permite, que digan una cosa y hagan otra. Eso es libertad, eso es flexibilidad. ¡Y qué bueno!¿No?.
Esta flexibilidad nos llevará a un mundo justo, tal vez no muy disciplinado, pero si con igualdad de posibilidades, como por ejemplo la que todos hagamos y digamos cosas que después no vamos ni a hacer ni a volver a pensar. Así vamos a ser todos iguales y con los mismos derechos pero sin los tediosos deberes.
¿Hay algo más maravilloso que la libertad de hacer lo que uno quiere y pensar cualquier otra cosa, sin contradicciones internas? Con la rígida cultura vieja se cumplía el viejo adagio chino que decía “Las palabras proferidas nos hacen esclavas suyas, las omitidas son esclavas nuestras”. Pero con esta nueva cultura nos liberamos de estos rígidos mandatos, y ya no necesitamos cumplir con nuestras palabras. Y como si esto fuera poco también tenemos la libertad de permitir que otros tampoco cumplan con sus palabras y puedan hacer lo que quieran, hayan o no dicho que lo harían.
Es una forma de liberarnos de los “hábitos”, que nos mantienen oprimidos para poder “vestirnos” como más nos guste sin tener que cumplir con rígidas reglas, normas o mandatos. La disciplina ya no hace más falta para poder vivir en sociedad.
Ésta es la sociedad que queremos para nuestros hijos, ¿qué mejor cosa podemos dejarles? ¿No es así…?
Lic. Alejandro Giosa
Como quiera que sea, su ropa o su costumbre, estamos hablando de cosas materiales (ropa) o de acciones mecánicas repetitivas (costumbre).
En el caso del monje es muy evidente cuándo no se cumple con los hábitos, ya que el habito lo delata, (es algo desagradable encontrarse con un monje sin ropa…) o haciendo cosas que no le corresponde.
En el caso de los psicólogos por ejemplo es más difícil saber cuando se está actuando como persona o como psicólogo. No tenemos una vestimenta que nos defina. A veces uno da una opinión como psicólogo y creen que lo que estamos diciendo lo decimos como pensamientos personales. Y lo contrario también pasa, no damos una opinión cuando esta afectaría negativamente a la persona. Si el médico está con un paciente moribundo irremediablemente, no debería darle su opinión al mismo. Siempre puede haber milagros y además de nada vale preocupar al que no puede hacer nada por remediarlo.
Tuve un profesor en la facultad que decía que el hábito de los médicos, de usar guardapolvo es importante, porque lo usan como “escudo” que los protege de la gente que lo rodea. Supongo que quería decir que el uniforme lo identifica con un “status” determinado que culturalmente significa un trato particular, que le da autoridad para decidir, opinar y también para tener sus reservas. Lo mismo que en el caso de los policías no es lo mismo que nos “hable” un uniformado que la misma persona estando de civil.
Creo que el uso de una indumentaria determinada ayuda a establecer las referencias que se necesitan dentro de una organización para poder seguir organizados. De hecho la no uniformización se entiende generalmente como una desclasificación de las responsabilidades. Estar uniformados contribuye a la organización, pero no garantiza que las funciones que representan sean las que se cumplen. El hábito no hace al monje…y hoy esto se da más que nunca.
El uniforme establece lo que uno tiene que hacer y decir dentro de una organización. Pero si bien las funciones la mayoría de los casos, deben cumplirse, los pensamientos del uniformado no siempre coinciden con lo que se dice.
En realidad en esta nueva cultura posmoderna, está bien visto que uno no piense lo mismo de lo que “tiene” que decir, porque sino se estaría afectando la libertad de pensamiento, que es tan sagrada como el voto secreto, y bien relacionado que están entre ellos…
Esto parecería que lleva a un alto grado de hipocresía, porque que un monje católico no crea en Dios o que un policía no crea en la justicia, o que alguien diga ser de un partido y vote a otro, no implica ningún desequilibrio. La flexibilidad en la opinión (al igual que la flexibilidad laboral) son pilares de la sociedad neoliberal actual. Es fundamental para que este régimen siga vigente, y con gran capacidad de generar beneficios económicos para esos pocos afortunados.... Se invierte mucho en mantener las cosas así. El hábito no hace al monje, y qué bueno que sea así…sino lo fuera la gente podría tener ideologías rígidas y fuertes y eso podría desequilibrar el maravilloso sistema imperante. Si todos se creyeran la función que ocupan, e hicieran lo que tienen que hacer y pensaran lo que tienen que pensar, no podría haber políticos corruptos que vayan tras el dinero y el poder. No podrían gobernar los presidentes que tenemos. La flexibilidad permite, que digan una cosa y hagan otra. Eso es libertad, eso es flexibilidad. ¡Y qué bueno!¿No?.
Esta flexibilidad nos llevará a un mundo justo, tal vez no muy disciplinado, pero si con igualdad de posibilidades, como por ejemplo la que todos hagamos y digamos cosas que después no vamos ni a hacer ni a volver a pensar. Así vamos a ser todos iguales y con los mismos derechos pero sin los tediosos deberes.
¿Hay algo más maravilloso que la libertad de hacer lo que uno quiere y pensar cualquier otra cosa, sin contradicciones internas? Con la rígida cultura vieja se cumplía el viejo adagio chino que decía “Las palabras proferidas nos hacen esclavas suyas, las omitidas son esclavas nuestras”. Pero con esta nueva cultura nos liberamos de estos rígidos mandatos, y ya no necesitamos cumplir con nuestras palabras. Y como si esto fuera poco también tenemos la libertad de permitir que otros tampoco cumplan con sus palabras y puedan hacer lo que quieran, hayan o no dicho que lo harían.
Es una forma de liberarnos de los “hábitos”, que nos mantienen oprimidos para poder “vestirnos” como más nos guste sin tener que cumplir con rígidas reglas, normas o mandatos. La disciplina ya no hace más falta para poder vivir en sociedad.
Ésta es la sociedad que queremos para nuestros hijos, ¿qué mejor cosa podemos dejarles? ¿No es así…?
Lic. Alejandro Giosa
04 diciembre 2009
Los modelos
El ser humano, desde que se diferenció de los animales, perdió junto con el desprestigiado “instinto”, la capacidad de tener certeza respeto a los valores morales que deberían regirlos.
No existe otra especie (aparentemente) que tenga conflictos con sus valores. El león sabe que tiene que comer venados y otros animales, y los caballos saben cómo actuar frente a sus amigos y enemigos. Parecería que (nos guste o no) todo está en orden en la naturaleza. Todos los animales saben perfectamente que modelo seguir.
A nosotros no nos gustan las arañas ni las víboras, pero ellas hacen lo que tienen que hacer, ni más ni menos. En todo caso los animales estarán perplejos por la forma como actuamos nosotros, nunca saben si los queremos o los odiamos o los vamos a comer, o pegar, etc, etc. ¡Qué confusión mayúscula tenemos los humanos! ¿no?.
No creo que podamos tener la simpleza ni la frescura con la que los animales toman sus decisiones. Estamos condenados al “no saber” sobre muchas cosas. Lo que resulta tan fácil para un animal, representa un atolladero de ideas confusas para nosotros.
Ese es el desafío que tenemos que vivir por haber perdido nuestro instinto animal, y es en la actualidad lo que nos está casi destruyendo. Pero por esas bipolaridades de la vida (en los humanos) podría ser también un trampolín, un salto hacia otra etapa evolutiva de la vida, tanto para nosotros como para el resto de las especies.
Todo está por hacerse, todo está por decirse, siempre y cuando no destruyamos la “escuela” que estamos usando para aprender: nuestro mundo.
Todavía creo que es posible ser sintético, y que a través de simples postulados, podamos generar los valores, las pautas, los modelos que nos guíen en nuestras vidas particulares y sociales.
“Haz lo que quieras que te hagan”, considero que es una máxima extraordinaria, y que bien entendida, sin ego personal, y con la generosidad que merece un buen modelo, podría ser la solución a todos los problemas actuales y la base para la prosperidad de nuestro destino evolutivo.
Cada uno puede evaluar con este modelo de “máxima” cómo sería su vida y como sería la sociedad, en la que todos actuemos teniendo este principio como inviolable. Tenemos la inteligencia como para poder evaluar en cada caso individual cuál sería la reacción que genere este principio de total generosidad: ponerse en el lugar del otro desde uno mismo, y esperar lo mejor, lo más placentero, lo más benigno para el presente y el futuro de todos.
Es un reto, pero al ganar inteligencia, y perder instinto, se genera este estado indefinido, en el que la elección de un modelo adecuado puede darnos más felicidad y prosperidad, mientras que lo contrario, nos llevaría hacia el sufrimiento, la involución y la violencia.
Es una prueba, en esta escuela que es la vida. Podemos tomar el modelo de generosidad o podemos no tomarlo. Considero que de hacerlo, nuestra vida cambiaría instantáneamente. No hace falta que toda la sociedad tome esta máxima como modelo. Con que uno lo haga es un gran paso, porque todos nuestros actos se reflejan en el espejo de la sociedad y no hay actos secretos: a la larga todo impregna el tejido social, y podemos ser ejemplos con nuestra simple “vibración” en estados positivos y así contagiemos al resto de la sociedad con nuestras actitudes. Me acuerdo de la experiencia hecha con monos: “la importancia estratégica del mono número 100” “Como facilitar el salto de un bien cultural desde «algunos» a «todos»” que representa una especie de aprendizaje indirecto que no depende de las distancias físicas sino del “estado de conciencia” logrado, pueden ver una explicación en el link de Internet que figura abajo del artículo.
Nuestro futuro como especie puede estar determinado, en gran parte, por todo lo que hicimos hasta ahora. Pero también está la posibilidad de cambiar, nunca es tarde para eso mientras haya vida. Creo que la guía que representan los valores y por supuesto los modelos son indispensables en este momento que vivimos si queremos lograr un cambio positivo en nuestras vidas y en la sociedad.
Me gustaría ver a nuestra especie, algún día, con las ideas claras sobre cómo actuar en el mundo, y demostrar que el intelecto superó al maravilloso instinto animal.
Lic. Alejandro Giosa
http://www.es24.tv/index.php/emprendedores/52-el-mono-numero-cien
No existe otra especie (aparentemente) que tenga conflictos con sus valores. El león sabe que tiene que comer venados y otros animales, y los caballos saben cómo actuar frente a sus amigos y enemigos. Parecería que (nos guste o no) todo está en orden en la naturaleza. Todos los animales saben perfectamente que modelo seguir.
A nosotros no nos gustan las arañas ni las víboras, pero ellas hacen lo que tienen que hacer, ni más ni menos. En todo caso los animales estarán perplejos por la forma como actuamos nosotros, nunca saben si los queremos o los odiamos o los vamos a comer, o pegar, etc, etc. ¡Qué confusión mayúscula tenemos los humanos! ¿no?.
No creo que podamos tener la simpleza ni la frescura con la que los animales toman sus decisiones. Estamos condenados al “no saber” sobre muchas cosas. Lo que resulta tan fácil para un animal, representa un atolladero de ideas confusas para nosotros.
Ese es el desafío que tenemos que vivir por haber perdido nuestro instinto animal, y es en la actualidad lo que nos está casi destruyendo. Pero por esas bipolaridades de la vida (en los humanos) podría ser también un trampolín, un salto hacia otra etapa evolutiva de la vida, tanto para nosotros como para el resto de las especies.
Todo está por hacerse, todo está por decirse, siempre y cuando no destruyamos la “escuela” que estamos usando para aprender: nuestro mundo.
Todavía creo que es posible ser sintético, y que a través de simples postulados, podamos generar los valores, las pautas, los modelos que nos guíen en nuestras vidas particulares y sociales.
“Haz lo que quieras que te hagan”, considero que es una máxima extraordinaria, y que bien entendida, sin ego personal, y con la generosidad que merece un buen modelo, podría ser la solución a todos los problemas actuales y la base para la prosperidad de nuestro destino evolutivo.
Cada uno puede evaluar con este modelo de “máxima” cómo sería su vida y como sería la sociedad, en la que todos actuemos teniendo este principio como inviolable. Tenemos la inteligencia como para poder evaluar en cada caso individual cuál sería la reacción que genere este principio de total generosidad: ponerse en el lugar del otro desde uno mismo, y esperar lo mejor, lo más placentero, lo más benigno para el presente y el futuro de todos.
Es un reto, pero al ganar inteligencia, y perder instinto, se genera este estado indefinido, en el que la elección de un modelo adecuado puede darnos más felicidad y prosperidad, mientras que lo contrario, nos llevaría hacia el sufrimiento, la involución y la violencia.
Es una prueba, en esta escuela que es la vida. Podemos tomar el modelo de generosidad o podemos no tomarlo. Considero que de hacerlo, nuestra vida cambiaría instantáneamente. No hace falta que toda la sociedad tome esta máxima como modelo. Con que uno lo haga es un gran paso, porque todos nuestros actos se reflejan en el espejo de la sociedad y no hay actos secretos: a la larga todo impregna el tejido social, y podemos ser ejemplos con nuestra simple “vibración” en estados positivos y así contagiemos al resto de la sociedad con nuestras actitudes. Me acuerdo de la experiencia hecha con monos: “la importancia estratégica del mono número 100” “Como facilitar el salto de un bien cultural desde «algunos» a «todos»” que representa una especie de aprendizaje indirecto que no depende de las distancias físicas sino del “estado de conciencia” logrado, pueden ver una explicación en el link de Internet que figura abajo del artículo.
Nuestro futuro como especie puede estar determinado, en gran parte, por todo lo que hicimos hasta ahora. Pero también está la posibilidad de cambiar, nunca es tarde para eso mientras haya vida. Creo que la guía que representan los valores y por supuesto los modelos son indispensables en este momento que vivimos si queremos lograr un cambio positivo en nuestras vidas y en la sociedad.
Me gustaría ver a nuestra especie, algún día, con las ideas claras sobre cómo actuar en el mundo, y demostrar que el intelecto superó al maravilloso instinto animal.
Lic. Alejandro Giosa
http://www.es24.tv/index.php/emprendedores/52-el-mono-numero-cien
Las enfermedades sociales
A pesar que las llamadas enfermedades de la civilización suelen referir a la obesidad, la diabetes, la hipertensión, las cardiopatías, y otros, me gustaría contraponer el aspecto psicológico, que si bien no creo sean las causantes de esas enfermedades, me parece que influyen, ya que cuerpo y mente están interrelacionados.
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para que no deje de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos inspiren para lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para que no deje de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos inspiren para lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
La violencia, la guerra, y el destino
Cuando era niño, crecí en un lugar en donde los chicos se “hacían peleando”, tal vez no tanto como lo habrá sido en épocas anteriores o lugares violentos, pero era patrimonio de la “masculinidad” y muy deseable, que los chicos pelearan para demostrar su valía.
Todo lugar era apto para la pelea, la cancha de fútbol, la escuela, el terreno baldío de la cuadra, etc.
Y ganar las peleas era muy bueno para el que lo lograba. Tenía asegurado el respeto de todos los que presenciaran el litigio, y como la voz se proyectaría más allá, también el de los que escucharan el relato.
Si en la pelea alguien se lastimaba, mejor era, tanto para demostrar una derrota, como para demostrar valentía si se resultaba vencedor.
Por otro lado, en la televisión (en esa época no había mucha elección, ya que no había videocable) abundaban las series y películas de guerra, o bien de la época de la conquista del lejano oeste norteamericano. Todas bastante violentas con muchos golpes y muertes.
El tema es que en estos días, cambiando los canales de televisión, paso por uno en que estaban dando una película en donde se encontraba un señor de traje, tirado en el suelo, en medio de una transitada calle, y una mujer en cuclillas al lado de él. Seguí cambiando de canales, pero me quedó un pensamiento del cual surgió una meditación: con qué naturalidad vemos en la pantalla gente muerta, ¡no merece ni la menor atención!. Y siguiendo mis pensamientos, me di cuenta que si tal vez hubiéramos sido educados de otra forma, sin violencia, sin películas de guerra, la visión de alguien tirado en el piso, supuestamente herido o muerto, debería causar un mínimo de asombro, como para detenerse en el trajín del zapping y ver qué le pudo haber pasado a ese pobre hombre.
¿Será la educación la que nos provoca semejante frialdad?
Sin embargo me parece que cuando uno ve el noticiero y sabe que lo que ve es real, que pasa o pasó realmente, uno lo toma diferente. No cambiamos tan a la ligera de canal. No sé si les pasará a todos. A mí me pasa. No sé si habla de una actitud “poco seria” para las películas y de una conciencia más real para el noticiero, si fuera así me quedaría mas tranquilo ya que eso demostraría que no soy tan frívolo e inconmovible.
Pero aún así. No me parece bien que aceptemos la violencia como algo natural, que se ve todos los días, en la calle, en la televisión, en el cine, y en el teatro y en todo medio que pueda expresarla. Pienso que la violencia vende más audiencia que otras formas de expresión. Desconozco si es porque “es lo que hay”, porque no surgió otra cosa que “venda” más o porque hay algo en el ser humano que le gusta presenciar la destrucción.
Mi más meditada opinión es que hay algo que atrae en la destrucción y los actos violentos. No sabría explicar el porqué. Podría ser desde una sencilla tendencia como la de que nos gusta ver “movimiento” hasta una posible morbosidad innata, rodeada de maldad, que nos lleva a ser observadores y protagonistas de hechos violentos.
Tal vez dependa de la etapa de la vida. Cuando jóvenes, nos atrae todo lo relacionado con el movimiento, la acción, como los deportes, las peleas, lo que está más relacionado con lo corporal, probablemente porque es un potencial real que tenemos, con nuestros cuerpos jóvenes y vigorosos, preparados para la acción. Tal vez en esta etapa no solo nos guste observar, sino también vivenciar la acción, la violencia, los deportes extremos y todo lo que se le relaciona.
Cuando vamos creciendo, va disminuyendo nuestro potencial para actuar, y naturalmente deberíamos alejarnos de eso. Mas puede que no, porque la costumbre y el hábito puede más y tal vez el placer quede solo en el observar y no tanto en el actuar.
Veo que la gente más mayor, que ya perdió mucha capacidad de acción, tiende más a transformar en miedo lo que antes podría haber sido coraje o valentía.
Son posibles explicaciones, no se si se ha llegado a conclusiones certeras sobre el tema de la violencia.
¿Será que nos gusta más destruir que construir cosas? Parece que nos gusta más romper vidrios que colocarlos, cortar árboles, más que plantarlos, criticar más que agradecer....
Los actos violentos tienen mejor cabida en el humano que los actos pacíficos. Se podría explicar así porqué el mundo está en el estado que está, es lógico entonces lo que sucede y podríamos inferir los resultados.
¿Habrá sido así en toda la historia de la humanidad? ¿No hubo siempre “sacrificios” en todas las culturas? ¿Venimos a destruir? ¿Será nuestra función? ¿Estaremos en una etapa evolutiva hacia la sublimación de los instintos agresivos? ¿Estaremos cumpliendo con ese posible designio?.
Espero que el conocimiento invada algún día nuestras mentes y tengamos el saber de esta aparente tendencia, además de otras, que poseemos como humanos.
Lic. Alejandro Giosa
Todo lugar era apto para la pelea, la cancha de fútbol, la escuela, el terreno baldío de la cuadra, etc.
Y ganar las peleas era muy bueno para el que lo lograba. Tenía asegurado el respeto de todos los que presenciaran el litigio, y como la voz se proyectaría más allá, también el de los que escucharan el relato.
Si en la pelea alguien se lastimaba, mejor era, tanto para demostrar una derrota, como para demostrar valentía si se resultaba vencedor.
Por otro lado, en la televisión (en esa época no había mucha elección, ya que no había videocable) abundaban las series y películas de guerra, o bien de la época de la conquista del lejano oeste norteamericano. Todas bastante violentas con muchos golpes y muertes.
El tema es que en estos días, cambiando los canales de televisión, paso por uno en que estaban dando una película en donde se encontraba un señor de traje, tirado en el suelo, en medio de una transitada calle, y una mujer en cuclillas al lado de él. Seguí cambiando de canales, pero me quedó un pensamiento del cual surgió una meditación: con qué naturalidad vemos en la pantalla gente muerta, ¡no merece ni la menor atención!. Y siguiendo mis pensamientos, me di cuenta que si tal vez hubiéramos sido educados de otra forma, sin violencia, sin películas de guerra, la visión de alguien tirado en el piso, supuestamente herido o muerto, debería causar un mínimo de asombro, como para detenerse en el trajín del zapping y ver qué le pudo haber pasado a ese pobre hombre.
¿Será la educación la que nos provoca semejante frialdad?
Sin embargo me parece que cuando uno ve el noticiero y sabe que lo que ve es real, que pasa o pasó realmente, uno lo toma diferente. No cambiamos tan a la ligera de canal. No sé si les pasará a todos. A mí me pasa. No sé si habla de una actitud “poco seria” para las películas y de una conciencia más real para el noticiero, si fuera así me quedaría mas tranquilo ya que eso demostraría que no soy tan frívolo e inconmovible.
Pero aún así. No me parece bien que aceptemos la violencia como algo natural, que se ve todos los días, en la calle, en la televisión, en el cine, y en el teatro y en todo medio que pueda expresarla. Pienso que la violencia vende más audiencia que otras formas de expresión. Desconozco si es porque “es lo que hay”, porque no surgió otra cosa que “venda” más o porque hay algo en el ser humano que le gusta presenciar la destrucción.
Mi más meditada opinión es que hay algo que atrae en la destrucción y los actos violentos. No sabría explicar el porqué. Podría ser desde una sencilla tendencia como la de que nos gusta ver “movimiento” hasta una posible morbosidad innata, rodeada de maldad, que nos lleva a ser observadores y protagonistas de hechos violentos.
Tal vez dependa de la etapa de la vida. Cuando jóvenes, nos atrae todo lo relacionado con el movimiento, la acción, como los deportes, las peleas, lo que está más relacionado con lo corporal, probablemente porque es un potencial real que tenemos, con nuestros cuerpos jóvenes y vigorosos, preparados para la acción. Tal vez en esta etapa no solo nos guste observar, sino también vivenciar la acción, la violencia, los deportes extremos y todo lo que se le relaciona.
Cuando vamos creciendo, va disminuyendo nuestro potencial para actuar, y naturalmente deberíamos alejarnos de eso. Mas puede que no, porque la costumbre y el hábito puede más y tal vez el placer quede solo en el observar y no tanto en el actuar.
Veo que la gente más mayor, que ya perdió mucha capacidad de acción, tiende más a transformar en miedo lo que antes podría haber sido coraje o valentía.
Son posibles explicaciones, no se si se ha llegado a conclusiones certeras sobre el tema de la violencia.
¿Será que nos gusta más destruir que construir cosas? Parece que nos gusta más romper vidrios que colocarlos, cortar árboles, más que plantarlos, criticar más que agradecer....
Los actos violentos tienen mejor cabida en el humano que los actos pacíficos. Se podría explicar así porqué el mundo está en el estado que está, es lógico entonces lo que sucede y podríamos inferir los resultados.
¿Habrá sido así en toda la historia de la humanidad? ¿No hubo siempre “sacrificios” en todas las culturas? ¿Venimos a destruir? ¿Será nuestra función? ¿Estaremos en una etapa evolutiva hacia la sublimación de los instintos agresivos? ¿Estaremos cumpliendo con ese posible designio?.
Espero que el conocimiento invada algún día nuestras mentes y tengamos el saber de esta aparente tendencia, además de otras, que poseemos como humanos.
Lic. Alejandro Giosa
La repetición
¿Todo se repite?, ¿todo tiene ciclos, que llevan al mismo sitio como círculos accionados por el tiempo que nunca se detiene?. ¿O existe una especie de espiral ascendente o descendente que pasa por "espacios" parecidos o consecutivos que nos llevan a experiencias, o bien mejores o peores a las anteriores vividas?
Visto desde este punto de vista, la cosa se convierte en objeto de estudio de la filosofía o bien de la metafísica, pero con base en lo que sucede diariamente en nuestras experiencias de la vida cotidiana.
"Sin tomar control en nuestros pensamientos, estamos creando lo mismo siempre, porque puede que estemos pensando en la hipoteca, en las facturas a pagar, en la enfermedad, en la inflación, en la traición que nos hicieron, etc.; y si eso es lo que tenemos en nuestra mente, ¿Puedes adivinar qué estamos creando?"
Esta linda frase, la encontré en un texto que explica sobre la "visualización creativa" y muy con la onda de la física cuántica que quiere ahora mostrarnos que la conciencia del hombre tiene poder sobre la materia. Una explicación que conjuga la metafísica con la religión y la filosofía, como el tema de la repetición que empezamos a tratar.
¿Entonces la repetición de los hechos de la vida estarían causados (como podrían explicar estas teorías) por la repetición de los pensamientos???
Se dice que "Visualización creativa es una de las mejores herramientas para el cumplimiento de una meta", se dice que es el proceso que puede transformar una persona de mendigo a millonario.
"La visualización creativa la hacemos concientemente, formamos imágenes en nuestra mente de lo que queremos lograr, estas imágenes son llevadas a nuestro subconsciente para que atraiga los hechos y personas que nos llevarán al cumplimiento de nuestras metas."
Entonces tendríamos una explicación respecto a los círculos o las espirales ascendentes o descendentes que nombré al principio de este texto.
Si en nuestra vida tenemos repeticiones permanentes tal vez se deba a que nuestros pensamientos no cambian. Si tenemos la costumbre de tener siempre experiencias diferentes, siempre mejores, podría ser que nuestros pensamientos tengan una tendencia optimista y superadora. Si tenemos cada vez peores experiencias cada vez más dolorosas, es probable que estemos generando eso por nuestros temores y tendencias depresivas. Estas explicaciones estarían muy en concordancia con los que ponen a la mente como fuente de todo poder sobre la materia y en consecuencia sobre el futuro.
¿Entonces existe la repetición como algo indefectible e inamovible en la vida de las personas? ¿Es fácil cambiar los pensamientos?. Todos pensamos muchas veces cosas que no queremos pensar, pero como todo lo bueno en la vida, lo que no sabe hacerse, puede aprenderse. Controlar los pensamientos es algo posible para cualquiera, creo que hasta para un psicótico. Para la gente que quiere estar mejor, tanto más posible. El único impedimento es no querer hacerlo.
Si bien puede haber muchas explicaciones para entender la repetición, considero mas importante saber que la repetición es un hecho, que en mayor o menor medida, existe en la vida de todas las personas, y que también (lo más importante) saber que podemos evitarla en la medida que hagamos conscientemente algo para ello.
Lo más "rentable" es cambiar por medio de los pensamientos. Recurrir a la superstición, magia, religión y otros medios que involucran actividades extrañas a nuestros pensamientos para impedir que algo vuelva a acontecer sería seguir pensando en lo mismo y por lo tanto reforzándolo. Si queremos evitar algo, en realidad tenemos que seguir pensando en ese algo para evitarlo, y eso hace un anclaje más fuerte con eso en vez de debilitarlo.
Si somos superadores, debemos ver en positivo y más allá de eso que queremos evitar, perder la visión de eso que queremos evitar para volar por encima de las repeticiones y crecer, que es a mi entender la principal razón que tenemos para vivir.
Lic. Alejandro Giosa
Visto desde este punto de vista, la cosa se convierte en objeto de estudio de la filosofía o bien de la metafísica, pero con base en lo que sucede diariamente en nuestras experiencias de la vida cotidiana.
"Sin tomar control en nuestros pensamientos, estamos creando lo mismo siempre, porque puede que estemos pensando en la hipoteca, en las facturas a pagar, en la enfermedad, en la inflación, en la traición que nos hicieron, etc.; y si eso es lo que tenemos en nuestra mente, ¿Puedes adivinar qué estamos creando?"
Esta linda frase, la encontré en un texto que explica sobre la "visualización creativa" y muy con la onda de la física cuántica que quiere ahora mostrarnos que la conciencia del hombre tiene poder sobre la materia. Una explicación que conjuga la metafísica con la religión y la filosofía, como el tema de la repetición que empezamos a tratar.
¿Entonces la repetición de los hechos de la vida estarían causados (como podrían explicar estas teorías) por la repetición de los pensamientos???
Se dice que "Visualización creativa es una de las mejores herramientas para el cumplimiento de una meta", se dice que es el proceso que puede transformar una persona de mendigo a millonario.
"La visualización creativa la hacemos concientemente, formamos imágenes en nuestra mente de lo que queremos lograr, estas imágenes son llevadas a nuestro subconsciente para que atraiga los hechos y personas que nos llevarán al cumplimiento de nuestras metas."
Entonces tendríamos una explicación respecto a los círculos o las espirales ascendentes o descendentes que nombré al principio de este texto.
Si en nuestra vida tenemos repeticiones permanentes tal vez se deba a que nuestros pensamientos no cambian. Si tenemos la costumbre de tener siempre experiencias diferentes, siempre mejores, podría ser que nuestros pensamientos tengan una tendencia optimista y superadora. Si tenemos cada vez peores experiencias cada vez más dolorosas, es probable que estemos generando eso por nuestros temores y tendencias depresivas. Estas explicaciones estarían muy en concordancia con los que ponen a la mente como fuente de todo poder sobre la materia y en consecuencia sobre el futuro.
¿Entonces existe la repetición como algo indefectible e inamovible en la vida de las personas? ¿Es fácil cambiar los pensamientos?. Todos pensamos muchas veces cosas que no queremos pensar, pero como todo lo bueno en la vida, lo que no sabe hacerse, puede aprenderse. Controlar los pensamientos es algo posible para cualquiera, creo que hasta para un psicótico. Para la gente que quiere estar mejor, tanto más posible. El único impedimento es no querer hacerlo.
Si bien puede haber muchas explicaciones para entender la repetición, considero mas importante saber que la repetición es un hecho, que en mayor o menor medida, existe en la vida de todas las personas, y que también (lo más importante) saber que podemos evitarla en la medida que hagamos conscientemente algo para ello.
Lo más "rentable" es cambiar por medio de los pensamientos. Recurrir a la superstición, magia, religión y otros medios que involucran actividades extrañas a nuestros pensamientos para impedir que algo vuelva a acontecer sería seguir pensando en lo mismo y por lo tanto reforzándolo. Si queremos evitar algo, en realidad tenemos que seguir pensando en ese algo para evitarlo, y eso hace un anclaje más fuerte con eso en vez de debilitarlo.
Si somos superadores, debemos ver en positivo y más allá de eso que queremos evitar, perder la visión de eso que queremos evitar para volar por encima de las repeticiones y crecer, que es a mi entender la principal razón que tenemos para vivir.
Lic. Alejandro Giosa
Hábitat
Hábitat es un tema que en ecología tiene mucha importancia. Habitar me resulta una forma más compulsiva de tener un “hábitat” ya que naturalmente una especie se adapta o no se adapta a un lugar, mientras que el hombre “hace que se pueda” habitar en cualquier lugar que lo decida.
El hombre siempre halló la forma de lograr que cualquier sitio, por más inhóspito que sea, pudiera ser habitado por él.
El hecho que el ser humano se crea lo más alto de la creación, el “hijo de Dios” implica actitudes psicológicas que tienen sus efectos sobre su comportamiento.
No creo que un animal tenga el orgullo tan magnificado como para pretender hacer cosas para lo cual la “naturaleza” no lo preparó. Hace lo que puede hacer, que ya es mucho…
Pero el hombre en su afán de dominio, pretende siempre más. Transforma todo en competencia, y por ganar, por humillar a otros, siempre intenta más.
El rico humilla al pobre, y el pobre al que es más pobre todavía. El que sabe más humilla al que menos sabe, y el que más puede, más lo demuestra. Y todo como fuente de autoestima.
¿Todo lo que hacemos es por autoestima?
¿Tener más dinero y posesiones, siempre es por placer? ¿No hay un límite para Tener y poder ser feliz?
Yo creo que casi todos luchamos por nuestra autoestima y algunos lo hacen por el camino de la humillación de los otros y los que podemos lo hacemos tratando de crecer internamente para ser felices, lo cual no siempre es más simple que lo primero. Suele ser mucho más complicado y trabajoso…
En este punto es donde me gustaría redefinir el sentido del “habitar”: ¿Donde habitamos? ¿En el espacio interior o en el espacio exterior?. Desde ya que hablamos de espacios psicológicos y no del espacio extraterrestre.
La búsqueda de la felicidad o autoestima (en este artículo prefiero tratarlas juntas) se puede realizar dirigida al cuerpo (placeres carnales, lo cual incluye las posesiones, los deleites alimenticios, sexuales, etc) o dirigida al templo interior, donde se busca la paz, la armonía, el silencio, el gozo sin objeto, la meditación profunda, el éxtasis místico, y otros placeres que conllevan también una transformación física, como la salud, las buenas relaciones, la victoria en los emprendimientos y otros éxitos.
Parece más fácil habitar en el mundo externo, pero eso es solo la ilusión que nos provoca la educación que tenemos: no es más fácil, solo sabemos cómo hacerlo. Si se nos educa para ganar dinero, para tener bienes e incrementarlos, y vemos ejemplos de nuestros mayores haciéndolo, desde que tenemos conciencia, es obvio que aprendemos a hacerlo casi si esfuerzo consciente de nuestra parte. También nos lleva a hacer una elección inconsciente de ese modelo de vida, ya que no conocemos otro. No es una elección siquiera, parece que “es lo que hay que hacer” como naturalización de una cultura monopólica respecto a los “modelos de vida”.
La globalización, que nos permite “habitar” en todo el planeta a través del “ciberespacio” tendría que habilitarnos a vivenciar otras culturas, otras formas de pensar y actuar, y darnos la posibilidad de elección, que tanto necesitamos en esta cultura monopólica.
Estos tiempos pueden ser los más propicios para la iniciación de algo nuevo. Eso estaría muy bien para esta cultura aburrida, que ya recurre cada vez más a las drogas y otras prácticas para eludirse de la realidad fastidiosa.
Necesitamos conocer otros lugares donde “habitar” y poder encontrar la felicidad y la autoestima que merecemos como “hijos de Dios”, y tal vez sea tratando de estar más cerca de su “hábitat” que el de la tierra.
Lic. Alejandro Giosa
El hombre siempre halló la forma de lograr que cualquier sitio, por más inhóspito que sea, pudiera ser habitado por él.
El hecho que el ser humano se crea lo más alto de la creación, el “hijo de Dios” implica actitudes psicológicas que tienen sus efectos sobre su comportamiento.
No creo que un animal tenga el orgullo tan magnificado como para pretender hacer cosas para lo cual la “naturaleza” no lo preparó. Hace lo que puede hacer, que ya es mucho…
Pero el hombre en su afán de dominio, pretende siempre más. Transforma todo en competencia, y por ganar, por humillar a otros, siempre intenta más.
El rico humilla al pobre, y el pobre al que es más pobre todavía. El que sabe más humilla al que menos sabe, y el que más puede, más lo demuestra. Y todo como fuente de autoestima.
¿Todo lo que hacemos es por autoestima?
¿Tener más dinero y posesiones, siempre es por placer? ¿No hay un límite para Tener y poder ser feliz?
Yo creo que casi todos luchamos por nuestra autoestima y algunos lo hacen por el camino de la humillación de los otros y los que podemos lo hacemos tratando de crecer internamente para ser felices, lo cual no siempre es más simple que lo primero. Suele ser mucho más complicado y trabajoso…
En este punto es donde me gustaría redefinir el sentido del “habitar”: ¿Donde habitamos? ¿En el espacio interior o en el espacio exterior?. Desde ya que hablamos de espacios psicológicos y no del espacio extraterrestre.
La búsqueda de la felicidad o autoestima (en este artículo prefiero tratarlas juntas) se puede realizar dirigida al cuerpo (placeres carnales, lo cual incluye las posesiones, los deleites alimenticios, sexuales, etc) o dirigida al templo interior, donde se busca la paz, la armonía, el silencio, el gozo sin objeto, la meditación profunda, el éxtasis místico, y otros placeres que conllevan también una transformación física, como la salud, las buenas relaciones, la victoria en los emprendimientos y otros éxitos.
Parece más fácil habitar en el mundo externo, pero eso es solo la ilusión que nos provoca la educación que tenemos: no es más fácil, solo sabemos cómo hacerlo. Si se nos educa para ganar dinero, para tener bienes e incrementarlos, y vemos ejemplos de nuestros mayores haciéndolo, desde que tenemos conciencia, es obvio que aprendemos a hacerlo casi si esfuerzo consciente de nuestra parte. También nos lleva a hacer una elección inconsciente de ese modelo de vida, ya que no conocemos otro. No es una elección siquiera, parece que “es lo que hay que hacer” como naturalización de una cultura monopólica respecto a los “modelos de vida”.
La globalización, que nos permite “habitar” en todo el planeta a través del “ciberespacio” tendría que habilitarnos a vivenciar otras culturas, otras formas de pensar y actuar, y darnos la posibilidad de elección, que tanto necesitamos en esta cultura monopólica.
Estos tiempos pueden ser los más propicios para la iniciación de algo nuevo. Eso estaría muy bien para esta cultura aburrida, que ya recurre cada vez más a las drogas y otras prácticas para eludirse de la realidad fastidiosa.
Necesitamos conocer otros lugares donde “habitar” y poder encontrar la felicidad y la autoestima que merecemos como “hijos de Dios”, y tal vez sea tratando de estar más cerca de su “hábitat” que el de la tierra.
Lic. Alejandro Giosa
Crecer o crecer
El proceso de crecer como todo proceso de cambio es casi siempre trabajoso. No es fácil crecer. En todo sentido, el crecimiento es traumático.
A veces tenemos la opción de decidir no crecer, pero la mayor parte de las veces el crecimiento es un camino indefectible, por donde, tarde o temprano, uno no se puede desviar.
Uno, cuando es niño no puede no crecer físicamente, ni detener el efecto del tiempo en el cuerpo. Tampoco podemos salir de ciertas encrucijadas que nos pone la vida. No hace falta nombrarlas, pero un accidente, una muerte, un contratiempo laboral, o familiar, etc., nos obliga a decidir o elegir caminos que no teníamos previsto y que hubiéramos preferido no tener que tomar.
En esos momentos es cuando, de acuerdo a la idiosincrasia de cada uno, podemos elegir entre el camino del crecimiento o de la pasividad. Mucha gente elige la pasividad y parecería ser una forma menos sufriente de afrontar los hechos, porque estamos acostumbrados a que el crecimiento sea doloroso y trabajoso.
Hay un texto que me gustaría compartir con ustedes, desconozco su autor:
Existen dos clases de personas:
Las que pasan la vida soñando; y las que dan vida a sus sueños...
Las que sueñan con logros; y las que logran sus sueños...
Las que siguen las huellas; y las que las dejaron...
Las que ven para poder creer; y las que creen antes de ver...
Las que te pisan al subir; y las que suben a ayudar...
Las que te dan confianza; y las que te la quitan...
Las que dan sin pedir a cambio; y las que te piden el cambio...
Las que se asoman por la ventana; y las que se salen por ella...
Las que nacen, se reproducen y mueren; y las que nacen, producen y nunca mueren...
Queda destacado aquí qué tipo de crecimiento se puede elegir: quién es el pasivo y quién el activo. Está el que está dispuesto a crecer a pesar de todo y quién quiere permanecer, con el ánimo de no sufrir (y seguramente termina sufriendo más que el que se arriesga).
El camino del crecimiento puede ser más trabajoso, pero transitarlo y vivenciar sus efectos, es más divertido y reconfortante que el supuestamente cómodo “permanecer”. La pasividad generalmente se da por el miedo que genera el cambio. Y ya sabemos que lo único permanente es el cambio.
Todo cambio, todo crecimiento es un riesgo que puede servir para mejorar o a veces para empeorar la situación. Por eso es aparentemente más fácil no arriesgarse.
En la vida pienso que no es posible escapar al crecimiento. Es parte de la vida, puede eludirse por un tiempo, pero siempre llega la situación en que ya no podemos elegir y nos vemos obligados a crecer, algunas veces conciente de lo que hacemos y otras forzados a vivir sus consecuencias. Muchos optan por el camino de la “no elección” por la que otros factores o personas van a elegir por ellos (por ejemplo que lo lleven al geriátrico…).
En todo momento podemos elegir ser dueños de nuestras vidas y tomar decisiones más o menos arriesgadas, de acuerdo a nuestros deseos. Lo importante es saber que si no nos hacemos responsables ahora, más adelante vamos a repetir la historia, con menos posibilidad de evitar la situación y con más obligación de hacerlo. En última instancia, si no nos hacemos responsables, siempre otros elegirán por nosotros. Entonces: ¿no es mejor tomar las riendas de nuestro crecimiento mientras tenemos una amplia cantidad de opciones, seamos jóvenes, con energía y ganas, que dejar pasar las oportunidades hasta que solo quede la resignación?
Lic. Alejandro Giosa
A veces tenemos la opción de decidir no crecer, pero la mayor parte de las veces el crecimiento es un camino indefectible, por donde, tarde o temprano, uno no se puede desviar.
Uno, cuando es niño no puede no crecer físicamente, ni detener el efecto del tiempo en el cuerpo. Tampoco podemos salir de ciertas encrucijadas que nos pone la vida. No hace falta nombrarlas, pero un accidente, una muerte, un contratiempo laboral, o familiar, etc., nos obliga a decidir o elegir caminos que no teníamos previsto y que hubiéramos preferido no tener que tomar.
En esos momentos es cuando, de acuerdo a la idiosincrasia de cada uno, podemos elegir entre el camino del crecimiento o de la pasividad. Mucha gente elige la pasividad y parecería ser una forma menos sufriente de afrontar los hechos, porque estamos acostumbrados a que el crecimiento sea doloroso y trabajoso.
Hay un texto que me gustaría compartir con ustedes, desconozco su autor:
Existen dos clases de personas:
Las que pasan la vida soñando; y las que dan vida a sus sueños...
Las que sueñan con logros; y las que logran sus sueños...
Las que siguen las huellas; y las que las dejaron...
Las que ven para poder creer; y las que creen antes de ver...
Las que te pisan al subir; y las que suben a ayudar...
Las que te dan confianza; y las que te la quitan...
Las que dan sin pedir a cambio; y las que te piden el cambio...
Las que se asoman por la ventana; y las que se salen por ella...
Las que nacen, se reproducen y mueren; y las que nacen, producen y nunca mueren...
Queda destacado aquí qué tipo de crecimiento se puede elegir: quién es el pasivo y quién el activo. Está el que está dispuesto a crecer a pesar de todo y quién quiere permanecer, con el ánimo de no sufrir (y seguramente termina sufriendo más que el que se arriesga).
El camino del crecimiento puede ser más trabajoso, pero transitarlo y vivenciar sus efectos, es más divertido y reconfortante que el supuestamente cómodo “permanecer”. La pasividad generalmente se da por el miedo que genera el cambio. Y ya sabemos que lo único permanente es el cambio.
Todo cambio, todo crecimiento es un riesgo que puede servir para mejorar o a veces para empeorar la situación. Por eso es aparentemente más fácil no arriesgarse.
En la vida pienso que no es posible escapar al crecimiento. Es parte de la vida, puede eludirse por un tiempo, pero siempre llega la situación en que ya no podemos elegir y nos vemos obligados a crecer, algunas veces conciente de lo que hacemos y otras forzados a vivir sus consecuencias. Muchos optan por el camino de la “no elección” por la que otros factores o personas van a elegir por ellos (por ejemplo que lo lleven al geriátrico…).
En todo momento podemos elegir ser dueños de nuestras vidas y tomar decisiones más o menos arriesgadas, de acuerdo a nuestros deseos. Lo importante es saber que si no nos hacemos responsables ahora, más adelante vamos a repetir la historia, con menos posibilidad de evitar la situación y con más obligación de hacerlo. En última instancia, si no nos hacemos responsables, siempre otros elegirán por nosotros. Entonces: ¿no es mejor tomar las riendas de nuestro crecimiento mientras tenemos una amplia cantidad de opciones, seamos jóvenes, con energía y ganas, que dejar pasar las oportunidades hasta que solo quede la resignación?
Lic. Alejandro Giosa
15 diciembre 2008
El camino de la vida
Construir el camino de la vida
“Si no tomas decisiones por tu vida, otros la tomarán por ti...”
Esa gran verdad muchos no la saben, y define el tipo de vida que tenemos, ya que a veces creemos que somos dueños de nuestras vidas, pero no es así, y somos patéticos esclavos de las ideas y pretensiones de otros.
En realidad somos simples esclavos de una cultura que no elegimos sino que nos fue impuesta.
"Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros." Sartre
Con el margen de posibilidades que nos deja la cultura para decidir sobre nuestra vida, tenemos la obligación moral y espiritual de hacer nuestro camino de vida.
"Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede." (Sartre). Agregaría, “con lo que dejaron de libertad en nosotros...”
En realidad desde lo más cruda teoría podría decirse que somos totalmente libres, que si queremos podemos irnos a cualquier confín alejado del mundo y hacer con nuestra vida lo que mejor se nos ocurra.
Tal vez este sea un pensamiento propio de juventudes. Todos de jóvenes queremos ser libres y pretendemos que no se nos imponga nada. Cuando vamos “madurando” nos damos cuenta que hay muchas cosas que nos atan. Podemos decir que nos encadena la familia, el lugar, los afectos, los trabajos, los amigos y podemos sumar a esta lista miles de cosas. También podemos creer que lo hacemos por decisión propia y no por obligación, seguridad y comodidad. Pero es solo para consolarnos...
Si aún maduramos más nos damos cuenta que si estamos asentados en un lugar, hicimos nuestro refugio y ocupamos un “lugar” no solo físico sino también social, toda idea de cambio se hace más difícil. Nuestra presencia puede haberse hecho más relevante para los que nos rodean, creando la obligación de rendir explicación por nuestros actos y así la idea de libertad iniciales permutaron por una esclavitud consentida y aceptada o bien tolerada sin cuestionamientos.
Sin embargo como la libertad no depende de lo físico sino lo espiritual, siempre tenemos un gran margen de posibilidades.
Puede ser libre un recluso y puede ser esclavo un gran empresario multimillonario. De hecho el que menos tiene también menos ataduras y cadenas posee. Es lógico pensarlo así.
Nadie, ni siquiera la cultura más arraigada puede entrar en nuestro universo espiritual.
Desde allí podemos salir a navegar hacia los limites de la imaginación, hasta los confines del mismo espíritu.
Por eso muchos autores hablan de la libertad del hombre... y otros de su servidumbre.... Ambos tienen razón y ambos están equivocados. Cada uno lo ve desde un aspecto diferente del espectro de posibilidades humana.
El mismo Sartre a mi entender, es ambiguo en este tema, ya que acuñó frases como:
"Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros." o "No somos libres de dejar de ser libres." o "El hombre está condenado a ser libre." o "El hombre nace libre, responsable y sin excusas." La primer frase pones límites a la libertad apuntalándola desde la cultura y las otra las afirma en forma extensiva.
Y para seguir citando a este autor y ser optimista "Todo ha sido descubierto salvo cómo vivir." de la cual estoy de acuerdo.
Posibilidades tenemos, nadie se puede meter en nuestra mente para obligarnos a pensar de un modo particular. De hecho lo intentan, desde las formalidades que establecen las culturas establecidas, pero en la intimidad de la mente no es posible el dominio del ser humano. Se deja dominar el que no piensa. Pensar correctamente, puede liberar de la atadura de la normas culturales establecidas, pero no es fácil hallar el camino del pensamiento correcto.
El resto, que acepta las normas establecidas como reales es dominado, porque no sabe o no quiere saber de su libertad. La mayoría ama las costumbres y rutinas, y las eleva a jerarquías divinas. Ese tal vez sea el peor pecado del ser humano: no saber que se es libre de espíritu. Haber vivido un vida sin saber de la libertad, es haber estado inconsciente, haber dormido toda la vida sin despertar, o simplemente ser un animal humano, que sigue sus instintos irrelevantes de comer, dormir y reproducirse.
Sé que muchos de nosotros entra en el fatal sueño de la conciencia provocado por la comodidad de ser un “ser culturalmente establecido”. La comodidad lleva al sueño, tanto físico como espiritual. Un cuerpo dormido, se recrea y reestablece, pero un espíritu dormido se muere irremisiblemente.
Para vencer el sueño es necesario empezar a despabilar el espíritu con progresivas dosis de aire fresco espiritual. Con el aclarador silencio mental, con el asombro de estar vivos y conscientes, con el estado de conciencia en el presente, nos vamos despertando del ensueño cultural, hasta dejar atrás todo adormecimiento y despertar a la vida con la libertad que nos toca vivir, y debemos vivir, para al menos decir que hemos vivido.
Lic. Alejandro Giosa
“Si no tomas decisiones por tu vida, otros la tomarán por ti...”
Esa gran verdad muchos no la saben, y define el tipo de vida que tenemos, ya que a veces creemos que somos dueños de nuestras vidas, pero no es así, y somos patéticos esclavos de las ideas y pretensiones de otros.
En realidad somos simples esclavos de una cultura que no elegimos sino que nos fue impuesta.
"Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros." Sartre
Con el margen de posibilidades que nos deja la cultura para decidir sobre nuestra vida, tenemos la obligación moral y espiritual de hacer nuestro camino de vida.
"Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede." (Sartre). Agregaría, “con lo que dejaron de libertad en nosotros...”
En realidad desde lo más cruda teoría podría decirse que somos totalmente libres, que si queremos podemos irnos a cualquier confín alejado del mundo y hacer con nuestra vida lo que mejor se nos ocurra.
Tal vez este sea un pensamiento propio de juventudes. Todos de jóvenes queremos ser libres y pretendemos que no se nos imponga nada. Cuando vamos “madurando” nos damos cuenta que hay muchas cosas que nos atan. Podemos decir que nos encadena la familia, el lugar, los afectos, los trabajos, los amigos y podemos sumar a esta lista miles de cosas. También podemos creer que lo hacemos por decisión propia y no por obligación, seguridad y comodidad. Pero es solo para consolarnos...
Si aún maduramos más nos damos cuenta que si estamos asentados en un lugar, hicimos nuestro refugio y ocupamos un “lugar” no solo físico sino también social, toda idea de cambio se hace más difícil. Nuestra presencia puede haberse hecho más relevante para los que nos rodean, creando la obligación de rendir explicación por nuestros actos y así la idea de libertad iniciales permutaron por una esclavitud consentida y aceptada o bien tolerada sin cuestionamientos.
Sin embargo como la libertad no depende de lo físico sino lo espiritual, siempre tenemos un gran margen de posibilidades.
Puede ser libre un recluso y puede ser esclavo un gran empresario multimillonario. De hecho el que menos tiene también menos ataduras y cadenas posee. Es lógico pensarlo así.
Nadie, ni siquiera la cultura más arraigada puede entrar en nuestro universo espiritual.
Desde allí podemos salir a navegar hacia los limites de la imaginación, hasta los confines del mismo espíritu.
Por eso muchos autores hablan de la libertad del hombre... y otros de su servidumbre.... Ambos tienen razón y ambos están equivocados. Cada uno lo ve desde un aspecto diferente del espectro de posibilidades humana.
El mismo Sartre a mi entender, es ambiguo en este tema, ya que acuñó frases como:
"Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros." o "No somos libres de dejar de ser libres." o "El hombre está condenado a ser libre." o "El hombre nace libre, responsable y sin excusas." La primer frase pones límites a la libertad apuntalándola desde la cultura y las otra las afirma en forma extensiva.
Y para seguir citando a este autor y ser optimista "Todo ha sido descubierto salvo cómo vivir." de la cual estoy de acuerdo.
Posibilidades tenemos, nadie se puede meter en nuestra mente para obligarnos a pensar de un modo particular. De hecho lo intentan, desde las formalidades que establecen las culturas establecidas, pero en la intimidad de la mente no es posible el dominio del ser humano. Se deja dominar el que no piensa. Pensar correctamente, puede liberar de la atadura de la normas culturales establecidas, pero no es fácil hallar el camino del pensamiento correcto.
El resto, que acepta las normas establecidas como reales es dominado, porque no sabe o no quiere saber de su libertad. La mayoría ama las costumbres y rutinas, y las eleva a jerarquías divinas. Ese tal vez sea el peor pecado del ser humano: no saber que se es libre de espíritu. Haber vivido un vida sin saber de la libertad, es haber estado inconsciente, haber dormido toda la vida sin despertar, o simplemente ser un animal humano, que sigue sus instintos irrelevantes de comer, dormir y reproducirse.
Sé que muchos de nosotros entra en el fatal sueño de la conciencia provocado por la comodidad de ser un “ser culturalmente establecido”. La comodidad lleva al sueño, tanto físico como espiritual. Un cuerpo dormido, se recrea y reestablece, pero un espíritu dormido se muere irremisiblemente.
Para vencer el sueño es necesario empezar a despabilar el espíritu con progresivas dosis de aire fresco espiritual. Con el aclarador silencio mental, con el asombro de estar vivos y conscientes, con el estado de conciencia en el presente, nos vamos despertando del ensueño cultural, hasta dejar atrás todo adormecimiento y despertar a la vida con la libertad que nos toca vivir, y debemos vivir, para al menos decir que hemos vivido.
Lic. Alejandro Giosa
12 noviembre 2008
27 octubre 2008
Las enfermedades sociales
A pesar que las llamadas enfermedades de la civilización suelen referir a la obesidad, la diabetes, la hipertensión, las cardiopatías, y otros, me gustaría contraponer el aspecto psicológico, que si bien no creo sean las causantes de esas enfermedades, me parece que influyen, ya que cuerpo y mente están interrelacionados.
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la aparente conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para no dejar de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos permitan lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la aparente conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para no dejar de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos permitan lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
12 septiembre 2008
10 agosto 2008
14 abril 2008
07 abril 2008
La estrella

La estrella del iluminado
Una estrella debería iluminar el camino. Pero los senderos ya transitados del camino del iluminado son más bien oscuros. También el futuro es incierto. El que tiene una vida agraciada, no puede asegurar que la seguirá teniendo. Eso define el camino del humano. Apenas ve para atrás y lo que viene es oscuro e impredecible.
Como conducir por una carretera con fuerte lluvia y oscuridad es el proceso de ir viviendo. Bien vendría una estrella que guiara el camino a recorrer. Pero no es así. Hay días más claros, donde se puede vislumbrar más y días totalmente oscuros donde nada es certero.
“Saber de dónde se viene para saber hacia donde se va”. También ofrece dificultad saber dónde empezó el camino. Si con esta vida presente o tal vez desde anteriores existencias. ¿Quién lo sabe realmente?
Saber de dónde venimos en el mejor de los casos podría ser un antecedente predictivo de cómo va a transitar el futuro. Siempre que las leyes de causa y efecto sean efectivas en todas las áreas de la actividad humana y no humana. Es decir en términos más comunes ¿Existe el Karma?.....
La estrella, la buena o mala estrella podría ser el efecto de una causa pasada, reciente o milenaria.....
“Si sabemos de dónde venimos sabemos dónde estamos”. Donde estamos ¿será consecuencia de otros hechos pasados?
Hay gente afortunada. Y también muchos desafortunados. ¡Qué diferencia! En toda vida sobre la tierra puede verse esta diferencia terrible, enorme. Pensando en la vida, nos coloca en situación de aterradora impotencia ver estas diferencias. Nos sumerge en una indefensión mortal tanta dependencia al PODER que guía la “lotería” de la suerte.
Plasmar en la mente una idea así, surgida de una cultura occidental y cristiana, tiene sus consecuencias: Impotencia ante la Lotería de Dios, Vulnerabilidad, Debilidad total, Insignificancia carnal, Desvalorización de la vida. Para otros pocos los de “buena estrella” representa el orgullo, la soberbia y la pretensión de arrogarse todas las propiedades de los egos: la exaltación del espíritu humano que según esta cultura, coincide con la exacerbación de los por éstos llamados “pecados capitales”.
No puede explicarse la buena o mala estrella por esta cultura. Porque los más afortunados muchas, pero muchas veces no tienen atributos santorales. La conclusión podría ser que Dios recompensa la perversión......y castiga la santidad. O juega a los dados con la vida....
Buena o mala estrella, producto de la “lotería” de Dios.....
En la cultura oriental, un poco más “amplia” en el sentido de considerar para la vida del espíritu un lapso de tiempo más largo, la buen estrella, se explica mejor por las leyes (causa - efecto) que por la lotería.
Buenas causas del pasado, sin importar que se sea santo o demonio, producen efectos sobre el presente, acorde con el carácter de la causa. Lo contrario explica la mala fortuna.
Si bien la explicación no cambia el estado del afortunado (o desafortunado) al menos lo hace responsable de las probables acciones del pasado y guía las del presente que causarán su efecto en el futuro.
Además en esta cultura se tienen en cuenta otros factores que consideran la vida como un proceso para un fin y no una simple y aleatoria presencia.
Desde ya que el efecto psicológico que provoca una cultura así es diferente. Por lado un cierto desapego de la vida (puede haber muchas) y por otro una constricción a actuar correctamente, con bondad y equidad como siembra que algún día se ha de cosechar.
Apego y desapego conforman un camino por el que hay que transitar, como los budistas dicen por el “justo camino medio”....
Las estrellas y los “estrellados” pueden explicar así sus vidas, y actuando en consecuencia esperar un futuro mejor. Socialmente las acciones particulares se multiplican pudiendo esperarse un mundo más generoso y amable y no la vorágine proveniente de no tener Ley.
Lic. Alejandro Giosa
Una estrella debería iluminar el camino. Pero los senderos ya transitados del camino del iluminado son más bien oscuros. También el futuro es incierto. El que tiene una vida agraciada, no puede asegurar que la seguirá teniendo. Eso define el camino del humano. Apenas ve para atrás y lo que viene es oscuro e impredecible.
Como conducir por una carretera con fuerte lluvia y oscuridad es el proceso de ir viviendo. Bien vendría una estrella que guiara el camino a recorrer. Pero no es así. Hay días más claros, donde se puede vislumbrar más y días totalmente oscuros donde nada es certero.
“Saber de dónde se viene para saber hacia donde se va”. También ofrece dificultad saber dónde empezó el camino. Si con esta vida presente o tal vez desde anteriores existencias. ¿Quién lo sabe realmente?
Saber de dónde venimos en el mejor de los casos podría ser un antecedente predictivo de cómo va a transitar el futuro. Siempre que las leyes de causa y efecto sean efectivas en todas las áreas de la actividad humana y no humana. Es decir en términos más comunes ¿Existe el Karma?.....
La estrella, la buena o mala estrella podría ser el efecto de una causa pasada, reciente o milenaria.....
“Si sabemos de dónde venimos sabemos dónde estamos”. Donde estamos ¿será consecuencia de otros hechos pasados?
Hay gente afortunada. Y también muchos desafortunados. ¡Qué diferencia! En toda vida sobre la tierra puede verse esta diferencia terrible, enorme. Pensando en la vida, nos coloca en situación de aterradora impotencia ver estas diferencias. Nos sumerge en una indefensión mortal tanta dependencia al PODER que guía la “lotería” de la suerte.
Plasmar en la mente una idea así, surgida de una cultura occidental y cristiana, tiene sus consecuencias: Impotencia ante la Lotería de Dios, Vulnerabilidad, Debilidad total, Insignificancia carnal, Desvalorización de la vida. Para otros pocos los de “buena estrella” representa el orgullo, la soberbia y la pretensión de arrogarse todas las propiedades de los egos: la exaltación del espíritu humano que según esta cultura, coincide con la exacerbación de los por éstos llamados “pecados capitales”.
No puede explicarse la buena o mala estrella por esta cultura. Porque los más afortunados muchas, pero muchas veces no tienen atributos santorales. La conclusión podría ser que Dios recompensa la perversión......y castiga la santidad. O juega a los dados con la vida....
Buena o mala estrella, producto de la “lotería” de Dios.....
En la cultura oriental, un poco más “amplia” en el sentido de considerar para la vida del espíritu un lapso de tiempo más largo, la buen estrella, se explica mejor por las leyes (causa - efecto) que por la lotería.
Buenas causas del pasado, sin importar que se sea santo o demonio, producen efectos sobre el presente, acorde con el carácter de la causa. Lo contrario explica la mala fortuna.
Si bien la explicación no cambia el estado del afortunado (o desafortunado) al menos lo hace responsable de las probables acciones del pasado y guía las del presente que causarán su efecto en el futuro.
Además en esta cultura se tienen en cuenta otros factores que consideran la vida como un proceso para un fin y no una simple y aleatoria presencia.
Desde ya que el efecto psicológico que provoca una cultura así es diferente. Por lado un cierto desapego de la vida (puede haber muchas) y por otro una constricción a actuar correctamente, con bondad y equidad como siembra que algún día se ha de cosechar.
Apego y desapego conforman un camino por el que hay que transitar, como los budistas dicen por el “justo camino medio”....
Las estrellas y los “estrellados” pueden explicar así sus vidas, y actuando en consecuencia esperar un futuro mejor. Socialmente las acciones particulares se multiplican pudiendo esperarse un mundo más generoso y amable y no la vorágine proveniente de no tener Ley.
Lic. Alejandro Giosa
15 febrero 2008
la verdad

La verdad
Periódicamente caigo en la tentación de preguntarme sobre los motivos que nos tienen sobre este mundo.
Tiendo en general a creer que existe una Verdad superior con grandes porcentajes de “objetividad” dentro de las posibles “verdades” que pueden existir.
Sabido es que una verdad vista desde un punto de vista, puede no ser tanto desde otro diferente.
Por eso hablar de verdad como lo hacen las religiones, por ejemplo, es una pretensión demasiado elevada para considerarla con seriedad.
En una de esas ocasiones en que me pregunté sobre “la verdad” pensé que a través de los siglos de historia documentada no hubo grandes avances respecto al hallazgo de la “verdad”, es decir, qué es la vida, para que estamos, quienes somos, hacia dónde vamos, etc.
Y si bien algunos tal vez llegaron a vislumbrar algo más sobre los “otros mundos” calculo que no pudieron hacer mucho para propagar sus descubrimientos en otras personas y así lograr difundir sus aprendizajes.
¿Podrá ser que en realidad no tenemos que saber más de lo que sabemos? ¿y si nuestra misión es vivir en esta inconsciencia?
Entonces se me ocurrió pensar que aunque exista un pasado (otras vidas) o un futuro tocando el arpa, o cualquier otro tipo de existencia, antes o después de esta vida, no nos corresponde saber más que lo que sabemos. Tenemos que arreglarnos con lo que tenemos y aprendemos.
Sin embargo pienso que sí hay algo más. Pero nada de eso debería preocuparnos. Igual pasa con cualquier tarea que requiera de toda nuestra atención, en la cual nos concentramos en lo que hacemos y nada exterior a eso debe impacientarnos. Solo importa lo que estamos realizando en ese momento. Los deportes por ejemplo consumen toda nuestra atención y es necesario estar atento a lo que se está haciendo para poder desempeñar el lugar que nos corresponde.
En la vida tal vez sea igual, se nos “manda” medio inconscientes a un mundo en el que tenemos que desarrollar nuestro aprendizaje de acuerdo a ciertos “conocimientos” que “traemos” como legado, puliendo y perfeccionando nuestras experiencias con intención de lograr “la buena forma de vivir” como meta hipotética.
Creo que todos tenemos un “legado” ya que somos todos diferentes y tenemos distintas potencialidades, habilidades y hasta conocimientos que sorprendentemente poseemos en forma innata.
No concibo una forma mas lógica de pensar el porqué somos seres tan diferentes “de entrada”.
Y aquí en el mundo de acuerdo a cómo vamos aprendiendo y desempeñando nuestras vidas, producimos un salto cualitativo que seguramente (ya que nada se pierde y todo se transforma) redundará en algo para alguien algún día.....
Es que parece que no es fácil lograr ser muy virtuoso en este mundo. Lamentablemente es como remar contra la corriente. Sino no se verían tantos sacerdotes involucrados en faltas éticas graves, cuando se supone que tienen todas las condiciones de vida necesarias para llevar una vida virtuosa, entendida la virtud como una forma de vivir la vida del mejor modo para uno y para los que nos rodean.
Parecería, de este modo de ver las cosas, que la vida es como un juego en el que nos “ponen” para que hagamos “nuestras cosas” y vayamos entendiendo cuál es la forma de vivir más eficaz, entendiendo la eficacia del mismo modo que la virtud: el mejor modo para uno y para los que nos rodean es decir, la acción en la que ganamos todos.
Y no es fácil llegar a la “virtud” o la “eficacia” ya que ante todo necesitamos una mente “ecológica” que nos permita ver con mucha amplitud y consideración todo lo que nos rodea.
Eso es lo único certero: se vive mejor siendo “ecológico”, y tal vez esa sea nuestra misión en este mundo: llegar a aprender que la acción “optima” es la que nos permite ganar a nosotros como individuos y la que a la vez permite ganar al que tenemos cerca y a todo lo que nos rodea.
Se me ocurre pensar que esa es la verdad que necesitamos conocer para vivir nuestra vida. No sé cuál es el premio, ni cuáles son los castigos por no lograrlo (aunque probablemente el castigo sea vivir las consecuencias de la acción “incorrectamente ecológica”). No estamos en situación de ver más allá de eso. No merecemos tal vez tener ese interrogante. Podría ser que venimos de un mundo (espiritual) en el que la “ecología” es naturalmente perfecta, y la verdad indiscutida. Este mundo material está lejos de esa perfección y verdad. Aprender en este mundo es cuestión de “vida o muerte” espiritual, el lugar perfecto para aprender y tal vez algún día disfrutar de la perfección sabiendo muy bien el precio que hay que pagar por ella.
Lic. Alejandro Giosa
Periódicamente caigo en la tentación de preguntarme sobre los motivos que nos tienen sobre este mundo.
Tiendo en general a creer que existe una Verdad superior con grandes porcentajes de “objetividad” dentro de las posibles “verdades” que pueden existir.
Sabido es que una verdad vista desde un punto de vista, puede no ser tanto desde otro diferente.
Por eso hablar de verdad como lo hacen las religiones, por ejemplo, es una pretensión demasiado elevada para considerarla con seriedad.
En una de esas ocasiones en que me pregunté sobre “la verdad” pensé que a través de los siglos de historia documentada no hubo grandes avances respecto al hallazgo de la “verdad”, es decir, qué es la vida, para que estamos, quienes somos, hacia dónde vamos, etc.
Y si bien algunos tal vez llegaron a vislumbrar algo más sobre los “otros mundos” calculo que no pudieron hacer mucho para propagar sus descubrimientos en otras personas y así lograr difundir sus aprendizajes.
¿Podrá ser que en realidad no tenemos que saber más de lo que sabemos? ¿y si nuestra misión es vivir en esta inconsciencia?
Entonces se me ocurrió pensar que aunque exista un pasado (otras vidas) o un futuro tocando el arpa, o cualquier otro tipo de existencia, antes o después de esta vida, no nos corresponde saber más que lo que sabemos. Tenemos que arreglarnos con lo que tenemos y aprendemos.
Sin embargo pienso que sí hay algo más. Pero nada de eso debería preocuparnos. Igual pasa con cualquier tarea que requiera de toda nuestra atención, en la cual nos concentramos en lo que hacemos y nada exterior a eso debe impacientarnos. Solo importa lo que estamos realizando en ese momento. Los deportes por ejemplo consumen toda nuestra atención y es necesario estar atento a lo que se está haciendo para poder desempeñar el lugar que nos corresponde.
En la vida tal vez sea igual, se nos “manda” medio inconscientes a un mundo en el que tenemos que desarrollar nuestro aprendizaje de acuerdo a ciertos “conocimientos” que “traemos” como legado, puliendo y perfeccionando nuestras experiencias con intención de lograr “la buena forma de vivir” como meta hipotética.
Creo que todos tenemos un “legado” ya que somos todos diferentes y tenemos distintas potencialidades, habilidades y hasta conocimientos que sorprendentemente poseemos en forma innata.
No concibo una forma mas lógica de pensar el porqué somos seres tan diferentes “de entrada”.
Y aquí en el mundo de acuerdo a cómo vamos aprendiendo y desempeñando nuestras vidas, producimos un salto cualitativo que seguramente (ya que nada se pierde y todo se transforma) redundará en algo para alguien algún día.....
Es que parece que no es fácil lograr ser muy virtuoso en este mundo. Lamentablemente es como remar contra la corriente. Sino no se verían tantos sacerdotes involucrados en faltas éticas graves, cuando se supone que tienen todas las condiciones de vida necesarias para llevar una vida virtuosa, entendida la virtud como una forma de vivir la vida del mejor modo para uno y para los que nos rodean.
Parecería, de este modo de ver las cosas, que la vida es como un juego en el que nos “ponen” para que hagamos “nuestras cosas” y vayamos entendiendo cuál es la forma de vivir más eficaz, entendiendo la eficacia del mismo modo que la virtud: el mejor modo para uno y para los que nos rodean es decir, la acción en la que ganamos todos.
Y no es fácil llegar a la “virtud” o la “eficacia” ya que ante todo necesitamos una mente “ecológica” que nos permita ver con mucha amplitud y consideración todo lo que nos rodea.
Eso es lo único certero: se vive mejor siendo “ecológico”, y tal vez esa sea nuestra misión en este mundo: llegar a aprender que la acción “optima” es la que nos permite ganar a nosotros como individuos y la que a la vez permite ganar al que tenemos cerca y a todo lo que nos rodea.
Se me ocurre pensar que esa es la verdad que necesitamos conocer para vivir nuestra vida. No sé cuál es el premio, ni cuáles son los castigos por no lograrlo (aunque probablemente el castigo sea vivir las consecuencias de la acción “incorrectamente ecológica”). No estamos en situación de ver más allá de eso. No merecemos tal vez tener ese interrogante. Podría ser que venimos de un mundo (espiritual) en el que la “ecología” es naturalmente perfecta, y la verdad indiscutida. Este mundo material está lejos de esa perfección y verdad. Aprender en este mundo es cuestión de “vida o muerte” espiritual, el lugar perfecto para aprender y tal vez algún día disfrutar de la perfección sabiendo muy bien el precio que hay que pagar por ella.
Lic. Alejandro Giosa
14 enero 2008
coraje
Coraje
Voy a hacer algunas reflexiones previas, un tanto inconexas al principio respecto al coraje.
“Le cuesta al cuerpo tener coraje porque el cuerpo sufre, le duele el trabajo.
En nuestra imaginación podemos ser súper héroes. Con mucho coraje, pero eso es porque no duele. Cuando hay que poner el cuerpo y el esfuerzo la cosa cambia.
Podría decir que al espíritu no le hace falta coraje para Ser con total plenitud, pero al cuerpo lo acobarda el sacrificio y el dolor.
Coraje y pereza. La pereza ataca al coraje y no la deja vivir.
Tener coraje significa haber vencido a la pereza.
La constancia es la semilla del coraje y la mayor enemiga de la pereza.”
Me gustaría hablar del coraje que yo llamaría “verdadero” coraje más allá de toda proeza material: El coraje de vivir la vida haciendo lo mejor que sea posible hacer por un ser humano, como el referente que hace Kant al hablar del imperativo categórico.
Considero que la vida puede vivirse de tres modos (como para hacer una simple enumeración): vivir la vida, sobrevivir la vida y supervivir la vida.
Vivir la vida es lo que hacemos todos, nos procurarnos las necesidades básicas y tratamos de encontrar la felicidad la mayor cantidad de veces posible.
Sobrevivir la vida considero que podría llamarse vivir pero con algunos preceptos fundamentales (tres) a saber:
-amarse a uno mismo (autoestima) manifestando siempre amor hasta en las peores circunstancias, nunca tener pensamientos de odio, rechazo o apatía por el cuerpo, la mente ni el espíritu.
-vivir sin quejas, ni de lo que nos toca hacer, ni por lo que poseemos ni por lo que somos: no quejarnos de nada.
-tener ansias espirituales, de avance en cuanto a las virtudes, la satisfacción de lo que la vida nos da y muchas ganas de estar bien y que los que nos rodean también estén bien.
Respecto a la última clasificación que nombré es decir la de supervivir la vida, consistiría en llevar una vida disciplinada en busca de las potencialidades del espíritu, con muchas actividades positivas para el crecimiento interno que abarquen por su puesto las virtudes del ítem anterior “sobrevivir la vida”. Una vida con costumbres de prácticas que embellezcan al espíritu y que tengan la propiedad de ser permanentes, indeclinables, y súper constantes, transforman al hombre en una súper maquina que todo lo puede.
Una persona constante puede lograrlo todo. No importa su inteligencia ni sus capacidades innatas, ni su dinero, ni su tiempo, ni excusa alguna de las que solemos usar. La constancia lo puede lograr todo, y una persona con constancia en busca de un objetivo es una persona a la que yo consideraría como la del máximo coraje posible. No hay obstáculo que le ponga freno a los objetivos de un ser humano con férrea determinación. Si no encuentra su camino por un lado, prueba incansablemente hasta que lo encuentra. Coraje entendido como “valor para hacer una cosa” se manifiesta en la persona constante como primera virtud. No puede entonces haber alguien con más coraje que una persona constante en busca de su espíritu.
Voy a hacer algunas reflexiones previas, un tanto inconexas al principio respecto al coraje.
“Le cuesta al cuerpo tener coraje porque el cuerpo sufre, le duele el trabajo.
En nuestra imaginación podemos ser súper héroes. Con mucho coraje, pero eso es porque no duele. Cuando hay que poner el cuerpo y el esfuerzo la cosa cambia.
Podría decir que al espíritu no le hace falta coraje para Ser con total plenitud, pero al cuerpo lo acobarda el sacrificio y el dolor.
Coraje y pereza. La pereza ataca al coraje y no la deja vivir.
Tener coraje significa haber vencido a la pereza.
La constancia es la semilla del coraje y la mayor enemiga de la pereza.”
Me gustaría hablar del coraje que yo llamaría “verdadero” coraje más allá de toda proeza material: El coraje de vivir la vida haciendo lo mejor que sea posible hacer por un ser humano, como el referente que hace Kant al hablar del imperativo categórico.
Considero que la vida puede vivirse de tres modos (como para hacer una simple enumeración): vivir la vida, sobrevivir la vida y supervivir la vida.
Vivir la vida es lo que hacemos todos, nos procurarnos las necesidades básicas y tratamos de encontrar la felicidad la mayor cantidad de veces posible.
Sobrevivir la vida considero que podría llamarse vivir pero con algunos preceptos fundamentales (tres) a saber:
-amarse a uno mismo (autoestima) manifestando siempre amor hasta en las peores circunstancias, nunca tener pensamientos de odio, rechazo o apatía por el cuerpo, la mente ni el espíritu.
-vivir sin quejas, ni de lo que nos toca hacer, ni por lo que poseemos ni por lo que somos: no quejarnos de nada.
-tener ansias espirituales, de avance en cuanto a las virtudes, la satisfacción de lo que la vida nos da y muchas ganas de estar bien y que los que nos rodean también estén bien.
Respecto a la última clasificación que nombré es decir la de supervivir la vida, consistiría en llevar una vida disciplinada en busca de las potencialidades del espíritu, con muchas actividades positivas para el crecimiento interno que abarquen por su puesto las virtudes del ítem anterior “sobrevivir la vida”. Una vida con costumbres de prácticas que embellezcan al espíritu y que tengan la propiedad de ser permanentes, indeclinables, y súper constantes, transforman al hombre en una súper maquina que todo lo puede.
Una persona constante puede lograrlo todo. No importa su inteligencia ni sus capacidades innatas, ni su dinero, ni su tiempo, ni excusa alguna de las que solemos usar. La constancia lo puede lograr todo, y una persona con constancia en busca de un objetivo es una persona a la que yo consideraría como la del máximo coraje posible. No hay obstáculo que le ponga freno a los objetivos de un ser humano con férrea determinación. Si no encuentra su camino por un lado, prueba incansablemente hasta que lo encuentra. Coraje entendido como “valor para hacer una cosa” se manifiesta en la persona constante como primera virtud. No puede entonces haber alguien con más coraje que una persona constante en busca de su espíritu.
05 diciembre 2007
Sociedad y Libertad

Sociedad y libertad
Para los seres como nosotros, que tenemos una percepción limitada de lo que vivimos, la libertad pasa, al igual que las demás cosas, a ser un concepto subjetivo y dependiente de las creencias del individuo que las tiene.
Parece difícil de aceptar el hecho de que somos seres muy limitados en cuanto a percepción, pero nuestros errores permanentes, como seres individuales o sociales, nos hace ver que solo captamos algunas facetas de las cosas y otras (muchas otras) las ignoramos.
Por ejemplo cuando se toma la decisión de desbastar un monte por su madera, a cambio de dinero, se esta demostrando la estrechez mental que posee la persona que toma esa decisión y los que permiten que se haga (por ejemplo gobernantes, pobladores de la zona, etc), ya que ese dinero nunca va a compensar años de trabajo de la naturaleza para dar vida y crecimiento a ese bosque que ya no se va a recuperar, tal vez jamás.
Tener conciencia “amplia” significa que cuando tomo una decisión, tengo en cuenta todas las consecuencias que puede traer, para mí y para otros, sean éstas personas, plantas, animales o cosas.
Si tuviéramos una conciencia más “amplia” todos nuestros actos serían “ecológicos”, estarían armonizados con el fluir de la vida y los ciclos naturales e irían a favor de la evolución (como manifiestan los actos de la naturaleza).
Eso no significa que no se pueda utilizar los recursos naturales para nuestro beneficio, pero sí procurar elegir acciones que compensen las consecuencias del acto que vamos a desarrollar.
Entonces si en nuestros actos evidenciamos una “corta visión” de los hechos y circunstancias que lo rodean, también es de esperar que nuestro concepto de “libertad” sea limitada y sesgada por la subjetividad.
Cuando hablamos de ser libres tenemos que preguntarnos respecto de qué?. Somos más libres que un presidiario, pero somos menos libres para movernos que un pájaro. Somos más libres de lo que lo fueron nuestros abuelos, pero todavía nos falta mucho de dignidad para poder ejercer tanto en el medio social como en el natural.
También hay (de acuerdo a lo evidenciado en nuestra cultura) diferentes significados de la palabra libertad.
La palabra libertad designa la facultad del ser humano que le permite decidir llevar a cabo o no una determinada acción. Se supone que con responsabilidad.
Pero la comúnmente llamada libertad está en general referida a la libertad cívica, es decir a las libertades que se ejercen dentro del medio social como por ejemplo libertad de expresión, libertad religiosa, de prensa, de enseñanza, etc etc.
Pero hay una libertad que va más allá de la dependencia a las reglas sociales, que no dependen de la voluntad de otros para otorgárnosla o permitírnosla, y es la libertad del espiritu.
Esta libertad depende solo de nuestra voluntad para hacernos libres en un mundo donde las leyes no son gobernadas por los hombres.
De hecho dentro de la peor confinación como es el de un campo de concentración, Víctor Frankl mantuvo su espíritu libre y vigoroso y pudo ser el ejemplo viviente de que el poder y la libertad del espíritu no está sujeto a los hombres.
La sociedad se supone que la creó el hombre para ser feliz es decir para desarrollar su espíritu ya que hasta hace unos años atrás
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