
Humildad: Ponerme en el lugar del otro y amarlo. Si tiene suerte maravillarme por el poder de dios por haber realizado semejante milagro.
Ponerme en el lugar del otro es virtud, es amor. La virtud llena el vacío del alma.
Cuando nos ponemos en el lugar del otro vemos sus debilidades y sus virtudes. Si amamos incondicionalmente a este ser por lo que es estamos creando luz y virtud en nuestra alma.
Compenetrarnos con todo. Ser uno con todo. Eso es humildad, eso es virtud.
Separarnos del mundo es debilidad, es arrogancia y ego (defectos).
BK en su parte esotérica plantea que Baba el que llena de luz, el que hace desaparecer los defectos.
La gnosis cree que los defectos son entidades malignas que se apoderan de nuestra “máquina” y hay que eliminarlos por el poder esotérico de la Madre Divina.
Un punto de vista menos esotérico y más “budista” podría decir que el buen emplazamiento psicológico permite realizar una percepción que vaya dejando afuera el sufrimiento que provoca el alejarme de nuestra verdadera relación con el mundo que nos rodea: somos uno con él.
Cualquier otro emplazamiento del yo, es erróneo y provoca sufrimiento.
Humildad es ser uno con el Universo.
Entender esto nos llena de abundancia, porque somos uno con la riqueza misma.
Por eso algunos “enganchan” con esa creencia (de que pueden tener esto o aquello o pueden logra tal cosa) y realmente lo hacen y lo tienen.
Mi primo tuvo siempre un buen auto porque siempre creyó que eso era lo que merecía y se “hizo uno con esa idea”.
Cuanto mayor el poder si nos sentimos “Uno” con todo, con el Universo.
Si creemos que somos el Universo, nada nos esta vedado.
Si creemos ser merecedores es porque nos sentimos parte. Somos uno con eso que pensamos.
Sentir envidia es habernos alejado de la idea de que somos “todo” y nos recluimos en la cárcel de nuestros propios pensamientos y de nuestro cuerpo físico. Queremos “individualidad” y eso es precisamente lo que nos hace sufrir.
Queremos demostrar que somos “individuos” hábiles, inteligentes, afortunados, etc, y eso nos lleva a juzgar y en consecuencia a compararnos.
Eso es la fuente de sufrimiento porque cuando nos comparamos con algo o alguien que tiene menos virtud, nos sentimos provisoriamente bien. Pero cuando nos comparamos con alguien más virtuoso, nos sentimos muy mal.
Esas son las consecuencias de habernos alejado de la humildad que es ser uno con el universo y no caer en el error de creer que podemos ser seres independientes.
Entonces el peor error en que cayó la humanidad es el que hoy pone en riesgo la salud del mundo: la falta de “ecología”.
Si somos “ecológicos” nos damos cuenta que somos uno con todo. Si no fuéramos aire, no podríamos vivir, si no fuéramos agua, tampoco, si no fuéramos calor, ni luz, ni vegetales, ni animales, ni minerales tampoco.
Es curioso sentir que uno es todo eso. Pero así es.
Es el estado más natural de la conciencia.
El error que cometemos es tratar de encerrar la conciencia dentro del cuerpo físico.
A partir de ahí surgen todos los “defectos”, el “ego” del ser humano.
De ahí que los defectos o el ego son creaciones de la mente y no “entidades malignas” ni “vacío del alma”.
La forma de ser “humano” es siendo “universal” y amoroso con ello.
Porque la vida es amor, es unión y es el otro estado natural del que somos herederos.
Y Dios es esta unión, esta comunión, este universo y el amor que todo une.
“Hermanito” es la palabra que mejor representa todo lo que nos rodea. Si al hermanito le va bien, me va bien a mí porque el hermanito también soy yo. Si al hermanito lo tocó el poder de Dios, también me tocó a mí.
Y cuando uno es uno con el mundo, lo tiene todo, pero se cuida de no poseer nada, porque cuando posee se hace esclavo de eso que cree poseer. Se lo tiene todo, y no se necesita nada, por eso jamás cae en la debilidad de agarrarse de las cosas y poseerlas.
El gran logro que puede tener un humano es haber podido vivenciar esta “creencia” y vivir compenetrado de todo.