29 mayo 2007

Ser uno con el universo


La envidia: es Arrogancia: separarme del otro y compararme.

Humildad: Ponerme en el lugar del otro y amarlo. Si tiene suerte maravillarme por el poder de dios por haber realizado semejante milagro.

Ponerme en el lugar del otro es virtud, es amor. La virtud llena el vacío del alma.
Cuando nos ponemos en el lugar del otro vemos sus debilidades y sus virtudes. Si amamos incondicionalmente a este ser por lo que es estamos creando luz y virtud en nuestra alma.

Compenetrarnos con todo. Ser uno con todo. Eso es humildad, eso es virtud.
Separarnos del mundo es debilidad, es arrogancia y ego (defectos).

BK en su parte esotérica plantea que Baba el que llena de luz, el que hace desaparecer los defectos.
La gnosis cree que los defectos son entidades malignas que se apoderan de nuestra “máquina” y hay que eliminarlos por el poder esotérico de la Madre Divina.

Un punto de vista menos esotérico y más “budista” podría decir que el buen emplazamiento psicológico permite realizar una percepción que vaya dejando afuera el sufrimiento que provoca el alejarme de nuestra verdadera relación con el mundo que nos rodea: somos uno con él.
Cualquier otro emplazamiento del yo, es erróneo y provoca sufrimiento.

Humildad es ser uno con el Universo.
Entender esto nos llena de abundancia, porque somos uno con la riqueza misma.

Por eso algunos “enganchan” con esa creencia (de que pueden tener esto o aquello o pueden logra tal cosa) y realmente lo hacen y lo tienen.

Mi primo tuvo siempre un buen auto porque siempre creyó que eso era lo que merecía y se “hizo uno con esa idea”.
Cuanto mayor el poder si nos sentimos “Uno” con todo, con el Universo.

Si creemos que somos el Universo, nada nos esta vedado.

Si creemos ser merecedores es porque nos sentimos parte. Somos uno con eso que pensamos.

Sentir envidia es habernos alejado de la idea de que somos “todo” y nos recluimos en la cárcel de nuestros propios pensamientos y de nuestro cuerpo físico. Queremos “individualidad” y eso es precisamente lo que nos hace sufrir.

Queremos demostrar que somos “individuos” hábiles, inteligentes, afortunados, etc, y eso nos lleva a juzgar y en consecuencia a compararnos.

Eso es la fuente de sufrimiento porque cuando nos comparamos con algo o alguien que tiene menos virtud, nos sentimos provisoriamente bien. Pero cuando nos comparamos con alguien más virtuoso, nos sentimos muy mal.

Esas son las consecuencias de habernos alejado de la humildad que es ser uno con el universo y no caer en el error de creer que podemos ser seres independientes.

Entonces el peor error en que cayó la humanidad es el que hoy pone en riesgo la salud del mundo: la falta de “ecología”.

Si somos “ecológicos” nos damos cuenta que somos uno con todo. Si no fuéramos aire, no podríamos vivir, si no fuéramos agua, tampoco, si no fuéramos calor, ni luz, ni vegetales, ni animales, ni minerales tampoco.

Es curioso sentir que uno es todo eso. Pero así es.

Es el estado más natural de la conciencia.

El error que cometemos es tratar de encerrar la conciencia dentro del cuerpo físico.

A partir de ahí surgen todos los “defectos”, el “ego” del ser humano.

De ahí que los defectos o el ego son creaciones de la mente y no “entidades malignas” ni “vacío del alma”.

La forma de ser “humano” es siendo “universal” y amoroso con ello.

Porque la vida es amor, es unión y es el otro estado natural del que somos herederos.
Y Dios es esta unión, esta comunión, este universo y el amor que todo une.

“Hermanito” es la palabra que mejor representa todo lo que nos rodea. Si al hermanito le va bien, me va bien a mí porque el hermanito también soy yo. Si al hermanito lo tocó el poder de Dios, también me tocó a mí.


Y cuando uno es uno con el mundo, lo tiene todo, pero se cuida de no poseer nada, porque cuando posee se hace esclavo de eso que cree poseer. Se lo tiene todo, y no se necesita nada, por eso jamás cae en la debilidad de agarrarse de las cosas y poseerlas.

El gran logro que puede tener un humano es haber podido vivenciar esta “creencia” y vivir compenetrado de todo.






16 mayo 2007

la infidelidad

La fidelidad

 

La fidelidad es una virtud que va más allá de la honestidad con una pareja. Es una propiedad de nuestra parte más trascendente (nuestra alma, para los que creen en ello) y es una de las manifestaciones del amor. Es una manifestación del amor a uno mismo, del amor al universo y del amor a todo lo que nos rodea y a la vida.

Una vida feliz no puede estar exenta de fidelidad, porque la fidelidad es un himno al amor propio, a la honestidad y a la imagen que tenemos de nosotros mismos. La fidelidad es la corona de oro que enorgullece nuestras decisiones y nuestro libre albedrío.

Todo engaño es una mancha que hacemos a nuestro amor propio, porque después de caer en ello, empezamos a tener un concepto de nosotros mismos como seres engañosos que tenemos que ocultar cosas para seguir recibiendo el amor de otros.

Si mentimos es porque tenemos miedo a perder el amor de otros, por eso recurrimos a la mentira. Es por debilidad que mentimos, por miedo. Y mentir por debilidades no tiene mucho de bueno para nuestro auto concepto.

Debería darnos lástima de nosotros mismos si caemos en esta debilidad, y no hacer el menor esfuerzo por fortalecernos. Es mejor fortalecer nuestro espíritu que armar complicados artilugios para justificar nuestra debilidad.

Tenemos que hacer honor a nuestras decisiones, cualquiera sea, y ser fieles a ellas todo el tiempo que nos parezca necesario, mientras esas decisiones nos traigan provecho y felicidad.

Si tenemos el suficiente amor para querernos a nosotros mismos, también gozamos de energía para amar a los otros. Y el amor siempre devuelve sus frutos, porque el que siembra amor, cosecha felicidad. Y como dije al principio el amor y la fidelidad son virtudes correlativas. Entonces la fidelidad nos hace felices.

Es cierto que uno toma una decisión en un momento determinado y las cosas pueden cambiar, entonces es probable que tengamos que tomar nuevas decisiones. Tomar decisiones paralelas y contradictorias puede violar el precepto de fidelidad a alguna de esas decisiones. Y eso se manifiesta como pérdida de felicidad.

 

El tema de las parejas es tal vez un caso particular muy interesante de cómo se plantea la fidelidad.

¿Porqué nos juntamos en parejas?

Puede haber muchas respuestas, pero la respuesta final es simple: "nos juntamos para hacernos felices".

Si no se cumple esta premisa numero uno, es signo de que tenemos que cambiar. Y ese cambio puede ser cambiar nuestra forma de ser para transformar la infelicidad en felicidad o bien cambiar de pareja. Pero por dignidad, considero que hay que plantear los cambios con sinceridad y si no se logran los cambios esperados, entonces proponer una separación y una nueva búsqueda de la felicidad con otra persona o bien considerar que en soledad se puede lograr una felicidad aceptable.

Pero hay que ser muy cuidadoso con las decisiones que uno toma, porque de cada una de ellas depende el futuro de muchas nuevas decisiones que tendremos que tomar. Y algunos caminos llevan hacia caminos virtuosos y otros hacia los tenebrosos en donde demás está decir, abunda el sufrimiento y la carencia o vacío de amor.

Para los que no creen en que las virtudes tengan valor en la vida de una persona (y solo piensen en su "beneficio" particular) , también podemos analizar el tema desde la lógica teniendo en cuenta lo que nos conviene o no.

 

Teniendo la posibilidad de ser libres en nuestras decisiones, y utilizar ese libre albedrío: ¿qué nos conviene más?:

 

a)- Ser veraces en nuestros actos, firmes, y decididos, en donde las consecuencias de nuestras acciones sean (y así las aceptemos con buena disposición) nuestra propia responsabilidad, sin tener que ocultar nada a nadie y liberar la conciencia y actos de ocultamientos y creaciones imaginarias para sustentarlas.

 

b)- Ocultar nuestras acciones, temer ser descubierto, tener que inventar historias y recordarlas para no caer en errores y saber que pueden descubrirnos y hacernos pasar un momento desagradable. Todos signos de debilidad y de no haber sido certeros en su momento con nuestras decisiones.

 

Desde la lógica de la energía, se podría decir que nos consumiría menos energía tomar las decisiones apropiadas en el momento correcto y luego dejar que las cosas sucedan y no estar luchando por que el rumbo sea controlado por nosotros con grandes gastos de conciencia y voluntad.

 

Desde el punto de vista de la psicología, volvemos al inicio con el tema de la autoestima. No es lo mismo para nuestro aprecio o amor propio el manejar ocultamientos e historias irreales que la veracidad. Es mejor ser fiel a nuestras ideas y elecciones que traicionarlas. Es matemático, y es real. Una cosa perjudica y la otra beneficia.

 

Desde la energía y desde la psicología, en este pequeño esbozo, vemos que la infidelidad no nos beneficia. Tampoco nos beneficia espiritualmente para los que creen en algo más. En definitiva caemos en errores de cálculo con su consiguiente gasto de energía, y conciencia, al apostar por la infidelidad a nuestras ideas, a nuestras decisiones, y a nuestras promesas con nuestros semejantes.

Si algo tiene tantos perjuicios es mejor no hacerlo no???

 

Lic. Alejandro Giosa