El hábito es costumbre. En el caso del monje el hábito es su vestimenta. Y podría significar que el monje tiene por costumbre usar ropa. Es decir un tipo especial de ropa, lo que hace que su hábito sea su ropa de monje, que además de su hábito, es su costumbre…
Como quiera que sea, su ropa o su costumbre, estamos hablando de cosas materiales (ropa) o de acciones mecánicas repetitivas (costumbre).
En el caso del monje es muy evidente cuándo no se cumple con los hábitos, ya que el habito lo delata, (es algo desagradable encontrarse con un monje sin ropa…) o haciendo cosas que no le corresponde.
En el caso de los psicólogos por ejemplo es más difícil saber cuando se está actuando como persona o como psicólogo. No tenemos una vestimenta que nos defina. A veces uno da una opinión como psicólogo y creen que lo que estamos diciendo lo decimos como pensamientos personales. Y lo contrario también pasa, no damos una opinión cuando esta afectaría negativamente a la persona. Si el médico está con un paciente moribundo irremediablemente, no debería darle su opinión al mismo. Siempre puede haber milagros y además de nada vale preocupar al que no puede hacer nada por remediarlo.
Tuve un profesor en la facultad que decía que el hábito de los médicos, de usar guardapolvo es importante, porque lo usan como “escudo” que los protege de la gente que lo rodea. Supongo que quería decir que el uniforme lo identifica con un “status” determinado que culturalmente significa un trato particular, que le da autoridad para decidir, opinar y también para tener sus reservas. Lo mismo que en el caso de los policías no es lo mismo que nos “hable” un uniformado que la misma persona estando de civil.
Creo que el uso de una indumentaria determinada ayuda a establecer las referencias que se necesitan dentro de una organización para poder seguir organizados. De hecho la no uniformización se entiende generalmente como una desclasificación de las responsabilidades. Estar uniformados contribuye a la organización, pero no garantiza que las funciones que representan sean las que se cumplen. El hábito no hace al monje…y hoy esto se da más que nunca.
El uniforme establece lo que uno tiene que hacer y decir dentro de una organización. Pero si bien las funciones la mayoría de los casos, deben cumplirse, los pensamientos del uniformado no siempre coinciden con lo que se dice.
En realidad en esta nueva cultura posmoderna, está bien visto que uno no piense lo mismo de lo que “tiene” que decir, porque sino se estaría afectando la libertad de pensamiento, que es tan sagrada como el voto secreto, y bien relacionado que están entre ellos…
Esto parecería que lleva a un alto grado de hipocresía, porque que un monje católico no crea en Dios o que un policía no crea en la justicia, o que alguien diga ser de un partido y vote a otro, no implica ningún desequilibrio. La flexibilidad en la opinión (al igual que la flexibilidad laboral) son pilares de la sociedad neoliberal actual. Es fundamental para que este régimen siga vigente, y con gran capacidad de generar beneficios económicos para esos pocos afortunados.... Se invierte mucho en mantener las cosas así. El hábito no hace al monje, y qué bueno que sea así…sino lo fuera la gente podría tener ideologías rígidas y fuertes y eso podría desequilibrar el maravilloso sistema imperante. Si todos se creyeran la función que ocupan, e hicieran lo que tienen que hacer y pensaran lo que tienen que pensar, no podría haber políticos corruptos que vayan tras el dinero y el poder. No podrían gobernar los presidentes que tenemos. La flexibilidad permite, que digan una cosa y hagan otra. Eso es libertad, eso es flexibilidad. ¡Y qué bueno!¿No?.
Esta flexibilidad nos llevará a un mundo justo, tal vez no muy disciplinado, pero si con igualdad de posibilidades, como por ejemplo la que todos hagamos y digamos cosas que después no vamos ni a hacer ni a volver a pensar. Así vamos a ser todos iguales y con los mismos derechos pero sin los tediosos deberes.
¿Hay algo más maravilloso que la libertad de hacer lo que uno quiere y pensar cualquier otra cosa, sin contradicciones internas? Con la rígida cultura vieja se cumplía el viejo adagio chino que decía “Las palabras proferidas nos hacen esclavas suyas, las omitidas son esclavas nuestras”. Pero con esta nueva cultura nos liberamos de estos rígidos mandatos, y ya no necesitamos cumplir con nuestras palabras. Y como si esto fuera poco también tenemos la libertad de permitir que otros tampoco cumplan con sus palabras y puedan hacer lo que quieran, hayan o no dicho que lo harían.
Es una forma de liberarnos de los “hábitos”, que nos mantienen oprimidos para poder “vestirnos” como más nos guste sin tener que cumplir con rígidas reglas, normas o mandatos. La disciplina ya no hace más falta para poder vivir en sociedad.
Ésta es la sociedad que queremos para nuestros hijos, ¿qué mejor cosa podemos dejarles? ¿No es así…?
Lic. Alejandro Giosa
Este espacio reproduce los artículos que publico para la revista SOS psicólogo de Francia y otras cosas...
18 diciembre 2009
04 diciembre 2009
Los modelos
El ser humano, desde que se diferenció de los animales, perdió junto con el desprestigiado “instinto”, la capacidad de tener certeza respeto a los valores morales que deberían regirlos.
No existe otra especie (aparentemente) que tenga conflictos con sus valores. El león sabe que tiene que comer venados y otros animales, y los caballos saben cómo actuar frente a sus amigos y enemigos. Parecería que (nos guste o no) todo está en orden en la naturaleza. Todos los animales saben perfectamente que modelo seguir.
A nosotros no nos gustan las arañas ni las víboras, pero ellas hacen lo que tienen que hacer, ni más ni menos. En todo caso los animales estarán perplejos por la forma como actuamos nosotros, nunca saben si los queremos o los odiamos o los vamos a comer, o pegar, etc, etc. ¡Qué confusión mayúscula tenemos los humanos! ¿no?.
No creo que podamos tener la simpleza ni la frescura con la que los animales toman sus decisiones. Estamos condenados al “no saber” sobre muchas cosas. Lo que resulta tan fácil para un animal, representa un atolladero de ideas confusas para nosotros.
Ese es el desafío que tenemos que vivir por haber perdido nuestro instinto animal, y es en la actualidad lo que nos está casi destruyendo. Pero por esas bipolaridades de la vida (en los humanos) podría ser también un trampolín, un salto hacia otra etapa evolutiva de la vida, tanto para nosotros como para el resto de las especies.
Todo está por hacerse, todo está por decirse, siempre y cuando no destruyamos la “escuela” que estamos usando para aprender: nuestro mundo.
Todavía creo que es posible ser sintético, y que a través de simples postulados, podamos generar los valores, las pautas, los modelos que nos guíen en nuestras vidas particulares y sociales.
“Haz lo que quieras que te hagan”, considero que es una máxima extraordinaria, y que bien entendida, sin ego personal, y con la generosidad que merece un buen modelo, podría ser la solución a todos los problemas actuales y la base para la prosperidad de nuestro destino evolutivo.
Cada uno puede evaluar con este modelo de “máxima” cómo sería su vida y como sería la sociedad, en la que todos actuemos teniendo este principio como inviolable. Tenemos la inteligencia como para poder evaluar en cada caso individual cuál sería la reacción que genere este principio de total generosidad: ponerse en el lugar del otro desde uno mismo, y esperar lo mejor, lo más placentero, lo más benigno para el presente y el futuro de todos.
Es un reto, pero al ganar inteligencia, y perder instinto, se genera este estado indefinido, en el que la elección de un modelo adecuado puede darnos más felicidad y prosperidad, mientras que lo contrario, nos llevaría hacia el sufrimiento, la involución y la violencia.
Es una prueba, en esta escuela que es la vida. Podemos tomar el modelo de generosidad o podemos no tomarlo. Considero que de hacerlo, nuestra vida cambiaría instantáneamente. No hace falta que toda la sociedad tome esta máxima como modelo. Con que uno lo haga es un gran paso, porque todos nuestros actos se reflejan en el espejo de la sociedad y no hay actos secretos: a la larga todo impregna el tejido social, y podemos ser ejemplos con nuestra simple “vibración” en estados positivos y así contagiemos al resto de la sociedad con nuestras actitudes. Me acuerdo de la experiencia hecha con monos: “la importancia estratégica del mono número 100” “Como facilitar el salto de un bien cultural desde «algunos» a «todos»” que representa una especie de aprendizaje indirecto que no depende de las distancias físicas sino del “estado de conciencia” logrado, pueden ver una explicación en el link de Internet que figura abajo del artículo.
Nuestro futuro como especie puede estar determinado, en gran parte, por todo lo que hicimos hasta ahora. Pero también está la posibilidad de cambiar, nunca es tarde para eso mientras haya vida. Creo que la guía que representan los valores y por supuesto los modelos son indispensables en este momento que vivimos si queremos lograr un cambio positivo en nuestras vidas y en la sociedad.
Me gustaría ver a nuestra especie, algún día, con las ideas claras sobre cómo actuar en el mundo, y demostrar que el intelecto superó al maravilloso instinto animal.
Lic. Alejandro Giosa
http://www.es24.tv/index.php/emprendedores/52-el-mono-numero-cien
No existe otra especie (aparentemente) que tenga conflictos con sus valores. El león sabe que tiene que comer venados y otros animales, y los caballos saben cómo actuar frente a sus amigos y enemigos. Parecería que (nos guste o no) todo está en orden en la naturaleza. Todos los animales saben perfectamente que modelo seguir.
A nosotros no nos gustan las arañas ni las víboras, pero ellas hacen lo que tienen que hacer, ni más ni menos. En todo caso los animales estarán perplejos por la forma como actuamos nosotros, nunca saben si los queremos o los odiamos o los vamos a comer, o pegar, etc, etc. ¡Qué confusión mayúscula tenemos los humanos! ¿no?.
No creo que podamos tener la simpleza ni la frescura con la que los animales toman sus decisiones. Estamos condenados al “no saber” sobre muchas cosas. Lo que resulta tan fácil para un animal, representa un atolladero de ideas confusas para nosotros.
Ese es el desafío que tenemos que vivir por haber perdido nuestro instinto animal, y es en la actualidad lo que nos está casi destruyendo. Pero por esas bipolaridades de la vida (en los humanos) podría ser también un trampolín, un salto hacia otra etapa evolutiva de la vida, tanto para nosotros como para el resto de las especies.
Todo está por hacerse, todo está por decirse, siempre y cuando no destruyamos la “escuela” que estamos usando para aprender: nuestro mundo.
Todavía creo que es posible ser sintético, y que a través de simples postulados, podamos generar los valores, las pautas, los modelos que nos guíen en nuestras vidas particulares y sociales.
“Haz lo que quieras que te hagan”, considero que es una máxima extraordinaria, y que bien entendida, sin ego personal, y con la generosidad que merece un buen modelo, podría ser la solución a todos los problemas actuales y la base para la prosperidad de nuestro destino evolutivo.
Cada uno puede evaluar con este modelo de “máxima” cómo sería su vida y como sería la sociedad, en la que todos actuemos teniendo este principio como inviolable. Tenemos la inteligencia como para poder evaluar en cada caso individual cuál sería la reacción que genere este principio de total generosidad: ponerse en el lugar del otro desde uno mismo, y esperar lo mejor, lo más placentero, lo más benigno para el presente y el futuro de todos.
Es un reto, pero al ganar inteligencia, y perder instinto, se genera este estado indefinido, en el que la elección de un modelo adecuado puede darnos más felicidad y prosperidad, mientras que lo contrario, nos llevaría hacia el sufrimiento, la involución y la violencia.
Es una prueba, en esta escuela que es la vida. Podemos tomar el modelo de generosidad o podemos no tomarlo. Considero que de hacerlo, nuestra vida cambiaría instantáneamente. No hace falta que toda la sociedad tome esta máxima como modelo. Con que uno lo haga es un gran paso, porque todos nuestros actos se reflejan en el espejo de la sociedad y no hay actos secretos: a la larga todo impregna el tejido social, y podemos ser ejemplos con nuestra simple “vibración” en estados positivos y así contagiemos al resto de la sociedad con nuestras actitudes. Me acuerdo de la experiencia hecha con monos: “la importancia estratégica del mono número 100” “Como facilitar el salto de un bien cultural desde «algunos» a «todos»” que representa una especie de aprendizaje indirecto que no depende de las distancias físicas sino del “estado de conciencia” logrado, pueden ver una explicación en el link de Internet que figura abajo del artículo.
Nuestro futuro como especie puede estar determinado, en gran parte, por todo lo que hicimos hasta ahora. Pero también está la posibilidad de cambiar, nunca es tarde para eso mientras haya vida. Creo que la guía que representan los valores y por supuesto los modelos son indispensables en este momento que vivimos si queremos lograr un cambio positivo en nuestras vidas y en la sociedad.
Me gustaría ver a nuestra especie, algún día, con las ideas claras sobre cómo actuar en el mundo, y demostrar que el intelecto superó al maravilloso instinto animal.
Lic. Alejandro Giosa
http://www.es24.tv/index.php/emprendedores/52-el-mono-numero-cien
Las enfermedades sociales
A pesar que las llamadas enfermedades de la civilización suelen referir a la obesidad, la diabetes, la hipertensión, las cardiopatías, y otros, me gustaría contraponer el aspecto psicológico, que si bien no creo sean las causantes de esas enfermedades, me parece que influyen, ya que cuerpo y mente están interrelacionados.
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para que no deje de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos inspiren para lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo.
Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación.
Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal “cálculo” de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como “sabiduría” ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades.
Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como “la conveniencia personal sobre las cosas” y a la razón como un “procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla” podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente “razonables y democráticas” cuando en realidad es muy “absurda y despótica”.
El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin “ego” sería una “razón ecológica” en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio.
Las “antiguas” culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una “razón ecológica” para oponerla a la razón egoísta que domina esta época.
Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que “no hay libertad sino hay propiedad” (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar!. Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad “equitativa”, la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una “cultura de la vida” para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo.
La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron.
La verdad considerada como la posición más “globalizante y considerada posible” (para que no deje de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia.
Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si “vemos” la realidad con una mirada más “globalizante” nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte.
Kant afirmó: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal"
La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en “ley universal” los resultados del “razonar ecológico”, tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno.
Espero que las corrientes ecológicas nos inspiren para lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos.
Lic. Alejandro Giosa
La violencia, la guerra, y el destino
Cuando era niño, crecí en un lugar en donde los chicos se “hacían peleando”, tal vez no tanto como lo habrá sido en épocas anteriores o lugares violentos, pero era patrimonio de la “masculinidad” y muy deseable, que los chicos pelearan para demostrar su valía.
Todo lugar era apto para la pelea, la cancha de fútbol, la escuela, el terreno baldío de la cuadra, etc.
Y ganar las peleas era muy bueno para el que lo lograba. Tenía asegurado el respeto de todos los que presenciaran el litigio, y como la voz se proyectaría más allá, también el de los que escucharan el relato.
Si en la pelea alguien se lastimaba, mejor era, tanto para demostrar una derrota, como para demostrar valentía si se resultaba vencedor.
Por otro lado, en la televisión (en esa época no había mucha elección, ya que no había videocable) abundaban las series y películas de guerra, o bien de la época de la conquista del lejano oeste norteamericano. Todas bastante violentas con muchos golpes y muertes.
El tema es que en estos días, cambiando los canales de televisión, paso por uno en que estaban dando una película en donde se encontraba un señor de traje, tirado en el suelo, en medio de una transitada calle, y una mujer en cuclillas al lado de él. Seguí cambiando de canales, pero me quedó un pensamiento del cual surgió una meditación: con qué naturalidad vemos en la pantalla gente muerta, ¡no merece ni la menor atención!. Y siguiendo mis pensamientos, me di cuenta que si tal vez hubiéramos sido educados de otra forma, sin violencia, sin películas de guerra, la visión de alguien tirado en el piso, supuestamente herido o muerto, debería causar un mínimo de asombro, como para detenerse en el trajín del zapping y ver qué le pudo haber pasado a ese pobre hombre.
¿Será la educación la que nos provoca semejante frialdad?
Sin embargo me parece que cuando uno ve el noticiero y sabe que lo que ve es real, que pasa o pasó realmente, uno lo toma diferente. No cambiamos tan a la ligera de canal. No sé si les pasará a todos. A mí me pasa. No sé si habla de una actitud “poco seria” para las películas y de una conciencia más real para el noticiero, si fuera así me quedaría mas tranquilo ya que eso demostraría que no soy tan frívolo e inconmovible.
Pero aún así. No me parece bien que aceptemos la violencia como algo natural, que se ve todos los días, en la calle, en la televisión, en el cine, y en el teatro y en todo medio que pueda expresarla. Pienso que la violencia vende más audiencia que otras formas de expresión. Desconozco si es porque “es lo que hay”, porque no surgió otra cosa que “venda” más o porque hay algo en el ser humano que le gusta presenciar la destrucción.
Mi más meditada opinión es que hay algo que atrae en la destrucción y los actos violentos. No sabría explicar el porqué. Podría ser desde una sencilla tendencia como la de que nos gusta ver “movimiento” hasta una posible morbosidad innata, rodeada de maldad, que nos lleva a ser observadores y protagonistas de hechos violentos.
Tal vez dependa de la etapa de la vida. Cuando jóvenes, nos atrae todo lo relacionado con el movimiento, la acción, como los deportes, las peleas, lo que está más relacionado con lo corporal, probablemente porque es un potencial real que tenemos, con nuestros cuerpos jóvenes y vigorosos, preparados para la acción. Tal vez en esta etapa no solo nos guste observar, sino también vivenciar la acción, la violencia, los deportes extremos y todo lo que se le relaciona.
Cuando vamos creciendo, va disminuyendo nuestro potencial para actuar, y naturalmente deberíamos alejarnos de eso. Mas puede que no, porque la costumbre y el hábito puede más y tal vez el placer quede solo en el observar y no tanto en el actuar.
Veo que la gente más mayor, que ya perdió mucha capacidad de acción, tiende más a transformar en miedo lo que antes podría haber sido coraje o valentía.
Son posibles explicaciones, no se si se ha llegado a conclusiones certeras sobre el tema de la violencia.
¿Será que nos gusta más destruir que construir cosas? Parece que nos gusta más romper vidrios que colocarlos, cortar árboles, más que plantarlos, criticar más que agradecer....
Los actos violentos tienen mejor cabida en el humano que los actos pacíficos. Se podría explicar así porqué el mundo está en el estado que está, es lógico entonces lo que sucede y podríamos inferir los resultados.
¿Habrá sido así en toda la historia de la humanidad? ¿No hubo siempre “sacrificios” en todas las culturas? ¿Venimos a destruir? ¿Será nuestra función? ¿Estaremos en una etapa evolutiva hacia la sublimación de los instintos agresivos? ¿Estaremos cumpliendo con ese posible designio?.
Espero que el conocimiento invada algún día nuestras mentes y tengamos el saber de esta aparente tendencia, además de otras, que poseemos como humanos.
Lic. Alejandro Giosa
Todo lugar era apto para la pelea, la cancha de fútbol, la escuela, el terreno baldío de la cuadra, etc.
Y ganar las peleas era muy bueno para el que lo lograba. Tenía asegurado el respeto de todos los que presenciaran el litigio, y como la voz se proyectaría más allá, también el de los que escucharan el relato.
Si en la pelea alguien se lastimaba, mejor era, tanto para demostrar una derrota, como para demostrar valentía si se resultaba vencedor.
Por otro lado, en la televisión (en esa época no había mucha elección, ya que no había videocable) abundaban las series y películas de guerra, o bien de la época de la conquista del lejano oeste norteamericano. Todas bastante violentas con muchos golpes y muertes.
El tema es que en estos días, cambiando los canales de televisión, paso por uno en que estaban dando una película en donde se encontraba un señor de traje, tirado en el suelo, en medio de una transitada calle, y una mujer en cuclillas al lado de él. Seguí cambiando de canales, pero me quedó un pensamiento del cual surgió una meditación: con qué naturalidad vemos en la pantalla gente muerta, ¡no merece ni la menor atención!. Y siguiendo mis pensamientos, me di cuenta que si tal vez hubiéramos sido educados de otra forma, sin violencia, sin películas de guerra, la visión de alguien tirado en el piso, supuestamente herido o muerto, debería causar un mínimo de asombro, como para detenerse en el trajín del zapping y ver qué le pudo haber pasado a ese pobre hombre.
¿Será la educación la que nos provoca semejante frialdad?
Sin embargo me parece que cuando uno ve el noticiero y sabe que lo que ve es real, que pasa o pasó realmente, uno lo toma diferente. No cambiamos tan a la ligera de canal. No sé si les pasará a todos. A mí me pasa. No sé si habla de una actitud “poco seria” para las películas y de una conciencia más real para el noticiero, si fuera así me quedaría mas tranquilo ya que eso demostraría que no soy tan frívolo e inconmovible.
Pero aún así. No me parece bien que aceptemos la violencia como algo natural, que se ve todos los días, en la calle, en la televisión, en el cine, y en el teatro y en todo medio que pueda expresarla. Pienso que la violencia vende más audiencia que otras formas de expresión. Desconozco si es porque “es lo que hay”, porque no surgió otra cosa que “venda” más o porque hay algo en el ser humano que le gusta presenciar la destrucción.
Mi más meditada opinión es que hay algo que atrae en la destrucción y los actos violentos. No sabría explicar el porqué. Podría ser desde una sencilla tendencia como la de que nos gusta ver “movimiento” hasta una posible morbosidad innata, rodeada de maldad, que nos lleva a ser observadores y protagonistas de hechos violentos.
Tal vez dependa de la etapa de la vida. Cuando jóvenes, nos atrae todo lo relacionado con el movimiento, la acción, como los deportes, las peleas, lo que está más relacionado con lo corporal, probablemente porque es un potencial real que tenemos, con nuestros cuerpos jóvenes y vigorosos, preparados para la acción. Tal vez en esta etapa no solo nos guste observar, sino también vivenciar la acción, la violencia, los deportes extremos y todo lo que se le relaciona.
Cuando vamos creciendo, va disminuyendo nuestro potencial para actuar, y naturalmente deberíamos alejarnos de eso. Mas puede que no, porque la costumbre y el hábito puede más y tal vez el placer quede solo en el observar y no tanto en el actuar.
Veo que la gente más mayor, que ya perdió mucha capacidad de acción, tiende más a transformar en miedo lo que antes podría haber sido coraje o valentía.
Son posibles explicaciones, no se si se ha llegado a conclusiones certeras sobre el tema de la violencia.
¿Será que nos gusta más destruir que construir cosas? Parece que nos gusta más romper vidrios que colocarlos, cortar árboles, más que plantarlos, criticar más que agradecer....
Los actos violentos tienen mejor cabida en el humano que los actos pacíficos. Se podría explicar así porqué el mundo está en el estado que está, es lógico entonces lo que sucede y podríamos inferir los resultados.
¿Habrá sido así en toda la historia de la humanidad? ¿No hubo siempre “sacrificios” en todas las culturas? ¿Venimos a destruir? ¿Será nuestra función? ¿Estaremos en una etapa evolutiva hacia la sublimación de los instintos agresivos? ¿Estaremos cumpliendo con ese posible designio?.
Espero que el conocimiento invada algún día nuestras mentes y tengamos el saber de esta aparente tendencia, además de otras, que poseemos como humanos.
Lic. Alejandro Giosa
La repetición
¿Todo se repite?, ¿todo tiene ciclos, que llevan al mismo sitio como círculos accionados por el tiempo que nunca se detiene?. ¿O existe una especie de espiral ascendente o descendente que pasa por "espacios" parecidos o consecutivos que nos llevan a experiencias, o bien mejores o peores a las anteriores vividas?
Visto desde este punto de vista, la cosa se convierte en objeto de estudio de la filosofía o bien de la metafísica, pero con base en lo que sucede diariamente en nuestras experiencias de la vida cotidiana.
"Sin tomar control en nuestros pensamientos, estamos creando lo mismo siempre, porque puede que estemos pensando en la hipoteca, en las facturas a pagar, en la enfermedad, en la inflación, en la traición que nos hicieron, etc.; y si eso es lo que tenemos en nuestra mente, ¿Puedes adivinar qué estamos creando?"
Esta linda frase, la encontré en un texto que explica sobre la "visualización creativa" y muy con la onda de la física cuántica que quiere ahora mostrarnos que la conciencia del hombre tiene poder sobre la materia. Una explicación que conjuga la metafísica con la religión y la filosofía, como el tema de la repetición que empezamos a tratar.
¿Entonces la repetición de los hechos de la vida estarían causados (como podrían explicar estas teorías) por la repetición de los pensamientos???
Se dice que "Visualización creativa es una de las mejores herramientas para el cumplimiento de una meta", se dice que es el proceso que puede transformar una persona de mendigo a millonario.
"La visualización creativa la hacemos concientemente, formamos imágenes en nuestra mente de lo que queremos lograr, estas imágenes son llevadas a nuestro subconsciente para que atraiga los hechos y personas que nos llevarán al cumplimiento de nuestras metas."
Entonces tendríamos una explicación respecto a los círculos o las espirales ascendentes o descendentes que nombré al principio de este texto.
Si en nuestra vida tenemos repeticiones permanentes tal vez se deba a que nuestros pensamientos no cambian. Si tenemos la costumbre de tener siempre experiencias diferentes, siempre mejores, podría ser que nuestros pensamientos tengan una tendencia optimista y superadora. Si tenemos cada vez peores experiencias cada vez más dolorosas, es probable que estemos generando eso por nuestros temores y tendencias depresivas. Estas explicaciones estarían muy en concordancia con los que ponen a la mente como fuente de todo poder sobre la materia y en consecuencia sobre el futuro.
¿Entonces existe la repetición como algo indefectible e inamovible en la vida de las personas? ¿Es fácil cambiar los pensamientos?. Todos pensamos muchas veces cosas que no queremos pensar, pero como todo lo bueno en la vida, lo que no sabe hacerse, puede aprenderse. Controlar los pensamientos es algo posible para cualquiera, creo que hasta para un psicótico. Para la gente que quiere estar mejor, tanto más posible. El único impedimento es no querer hacerlo.
Si bien puede haber muchas explicaciones para entender la repetición, considero mas importante saber que la repetición es un hecho, que en mayor o menor medida, existe en la vida de todas las personas, y que también (lo más importante) saber que podemos evitarla en la medida que hagamos conscientemente algo para ello.
Lo más "rentable" es cambiar por medio de los pensamientos. Recurrir a la superstición, magia, religión y otros medios que involucran actividades extrañas a nuestros pensamientos para impedir que algo vuelva a acontecer sería seguir pensando en lo mismo y por lo tanto reforzándolo. Si queremos evitar algo, en realidad tenemos que seguir pensando en ese algo para evitarlo, y eso hace un anclaje más fuerte con eso en vez de debilitarlo.
Si somos superadores, debemos ver en positivo y más allá de eso que queremos evitar, perder la visión de eso que queremos evitar para volar por encima de las repeticiones y crecer, que es a mi entender la principal razón que tenemos para vivir.
Lic. Alejandro Giosa
Visto desde este punto de vista, la cosa se convierte en objeto de estudio de la filosofía o bien de la metafísica, pero con base en lo que sucede diariamente en nuestras experiencias de la vida cotidiana.
"Sin tomar control en nuestros pensamientos, estamos creando lo mismo siempre, porque puede que estemos pensando en la hipoteca, en las facturas a pagar, en la enfermedad, en la inflación, en la traición que nos hicieron, etc.; y si eso es lo que tenemos en nuestra mente, ¿Puedes adivinar qué estamos creando?"
Esta linda frase, la encontré en un texto que explica sobre la "visualización creativa" y muy con la onda de la física cuántica que quiere ahora mostrarnos que la conciencia del hombre tiene poder sobre la materia. Una explicación que conjuga la metafísica con la religión y la filosofía, como el tema de la repetición que empezamos a tratar.
¿Entonces la repetición de los hechos de la vida estarían causados (como podrían explicar estas teorías) por la repetición de los pensamientos???
Se dice que "Visualización creativa es una de las mejores herramientas para el cumplimiento de una meta", se dice que es el proceso que puede transformar una persona de mendigo a millonario.
"La visualización creativa la hacemos concientemente, formamos imágenes en nuestra mente de lo que queremos lograr, estas imágenes son llevadas a nuestro subconsciente para que atraiga los hechos y personas que nos llevarán al cumplimiento de nuestras metas."
Entonces tendríamos una explicación respecto a los círculos o las espirales ascendentes o descendentes que nombré al principio de este texto.
Si en nuestra vida tenemos repeticiones permanentes tal vez se deba a que nuestros pensamientos no cambian. Si tenemos la costumbre de tener siempre experiencias diferentes, siempre mejores, podría ser que nuestros pensamientos tengan una tendencia optimista y superadora. Si tenemos cada vez peores experiencias cada vez más dolorosas, es probable que estemos generando eso por nuestros temores y tendencias depresivas. Estas explicaciones estarían muy en concordancia con los que ponen a la mente como fuente de todo poder sobre la materia y en consecuencia sobre el futuro.
¿Entonces existe la repetición como algo indefectible e inamovible en la vida de las personas? ¿Es fácil cambiar los pensamientos?. Todos pensamos muchas veces cosas que no queremos pensar, pero como todo lo bueno en la vida, lo que no sabe hacerse, puede aprenderse. Controlar los pensamientos es algo posible para cualquiera, creo que hasta para un psicótico. Para la gente que quiere estar mejor, tanto más posible. El único impedimento es no querer hacerlo.
Si bien puede haber muchas explicaciones para entender la repetición, considero mas importante saber que la repetición es un hecho, que en mayor o menor medida, existe en la vida de todas las personas, y que también (lo más importante) saber que podemos evitarla en la medida que hagamos conscientemente algo para ello.
Lo más "rentable" es cambiar por medio de los pensamientos. Recurrir a la superstición, magia, religión y otros medios que involucran actividades extrañas a nuestros pensamientos para impedir que algo vuelva a acontecer sería seguir pensando en lo mismo y por lo tanto reforzándolo. Si queremos evitar algo, en realidad tenemos que seguir pensando en ese algo para evitarlo, y eso hace un anclaje más fuerte con eso en vez de debilitarlo.
Si somos superadores, debemos ver en positivo y más allá de eso que queremos evitar, perder la visión de eso que queremos evitar para volar por encima de las repeticiones y crecer, que es a mi entender la principal razón que tenemos para vivir.
Lic. Alejandro Giosa
Hábitat
Hábitat es un tema que en ecología tiene mucha importancia. Habitar me resulta una forma más compulsiva de tener un “hábitat” ya que naturalmente una especie se adapta o no se adapta a un lugar, mientras que el hombre “hace que se pueda” habitar en cualquier lugar que lo decida.
El hombre siempre halló la forma de lograr que cualquier sitio, por más inhóspito que sea, pudiera ser habitado por él.
El hecho que el ser humano se crea lo más alto de la creación, el “hijo de Dios” implica actitudes psicológicas que tienen sus efectos sobre su comportamiento.
No creo que un animal tenga el orgullo tan magnificado como para pretender hacer cosas para lo cual la “naturaleza” no lo preparó. Hace lo que puede hacer, que ya es mucho…
Pero el hombre en su afán de dominio, pretende siempre más. Transforma todo en competencia, y por ganar, por humillar a otros, siempre intenta más.
El rico humilla al pobre, y el pobre al que es más pobre todavía. El que sabe más humilla al que menos sabe, y el que más puede, más lo demuestra. Y todo como fuente de autoestima.
¿Todo lo que hacemos es por autoestima?
¿Tener más dinero y posesiones, siempre es por placer? ¿No hay un límite para Tener y poder ser feliz?
Yo creo que casi todos luchamos por nuestra autoestima y algunos lo hacen por el camino de la humillación de los otros y los que podemos lo hacemos tratando de crecer internamente para ser felices, lo cual no siempre es más simple que lo primero. Suele ser mucho más complicado y trabajoso…
En este punto es donde me gustaría redefinir el sentido del “habitar”: ¿Donde habitamos? ¿En el espacio interior o en el espacio exterior?. Desde ya que hablamos de espacios psicológicos y no del espacio extraterrestre.
La búsqueda de la felicidad o autoestima (en este artículo prefiero tratarlas juntas) se puede realizar dirigida al cuerpo (placeres carnales, lo cual incluye las posesiones, los deleites alimenticios, sexuales, etc) o dirigida al templo interior, donde se busca la paz, la armonía, el silencio, el gozo sin objeto, la meditación profunda, el éxtasis místico, y otros placeres que conllevan también una transformación física, como la salud, las buenas relaciones, la victoria en los emprendimientos y otros éxitos.
Parece más fácil habitar en el mundo externo, pero eso es solo la ilusión que nos provoca la educación que tenemos: no es más fácil, solo sabemos cómo hacerlo. Si se nos educa para ganar dinero, para tener bienes e incrementarlos, y vemos ejemplos de nuestros mayores haciéndolo, desde que tenemos conciencia, es obvio que aprendemos a hacerlo casi si esfuerzo consciente de nuestra parte. También nos lleva a hacer una elección inconsciente de ese modelo de vida, ya que no conocemos otro. No es una elección siquiera, parece que “es lo que hay que hacer” como naturalización de una cultura monopólica respecto a los “modelos de vida”.
La globalización, que nos permite “habitar” en todo el planeta a través del “ciberespacio” tendría que habilitarnos a vivenciar otras culturas, otras formas de pensar y actuar, y darnos la posibilidad de elección, que tanto necesitamos en esta cultura monopólica.
Estos tiempos pueden ser los más propicios para la iniciación de algo nuevo. Eso estaría muy bien para esta cultura aburrida, que ya recurre cada vez más a las drogas y otras prácticas para eludirse de la realidad fastidiosa.
Necesitamos conocer otros lugares donde “habitar” y poder encontrar la felicidad y la autoestima que merecemos como “hijos de Dios”, y tal vez sea tratando de estar más cerca de su “hábitat” que el de la tierra.
Lic. Alejandro Giosa
El hombre siempre halló la forma de lograr que cualquier sitio, por más inhóspito que sea, pudiera ser habitado por él.
El hecho que el ser humano se crea lo más alto de la creación, el “hijo de Dios” implica actitudes psicológicas que tienen sus efectos sobre su comportamiento.
No creo que un animal tenga el orgullo tan magnificado como para pretender hacer cosas para lo cual la “naturaleza” no lo preparó. Hace lo que puede hacer, que ya es mucho…
Pero el hombre en su afán de dominio, pretende siempre más. Transforma todo en competencia, y por ganar, por humillar a otros, siempre intenta más.
El rico humilla al pobre, y el pobre al que es más pobre todavía. El que sabe más humilla al que menos sabe, y el que más puede, más lo demuestra. Y todo como fuente de autoestima.
¿Todo lo que hacemos es por autoestima?
¿Tener más dinero y posesiones, siempre es por placer? ¿No hay un límite para Tener y poder ser feliz?
Yo creo que casi todos luchamos por nuestra autoestima y algunos lo hacen por el camino de la humillación de los otros y los que podemos lo hacemos tratando de crecer internamente para ser felices, lo cual no siempre es más simple que lo primero. Suele ser mucho más complicado y trabajoso…
En este punto es donde me gustaría redefinir el sentido del “habitar”: ¿Donde habitamos? ¿En el espacio interior o en el espacio exterior?. Desde ya que hablamos de espacios psicológicos y no del espacio extraterrestre.
La búsqueda de la felicidad o autoestima (en este artículo prefiero tratarlas juntas) se puede realizar dirigida al cuerpo (placeres carnales, lo cual incluye las posesiones, los deleites alimenticios, sexuales, etc) o dirigida al templo interior, donde se busca la paz, la armonía, el silencio, el gozo sin objeto, la meditación profunda, el éxtasis místico, y otros placeres que conllevan también una transformación física, como la salud, las buenas relaciones, la victoria en los emprendimientos y otros éxitos.
Parece más fácil habitar en el mundo externo, pero eso es solo la ilusión que nos provoca la educación que tenemos: no es más fácil, solo sabemos cómo hacerlo. Si se nos educa para ganar dinero, para tener bienes e incrementarlos, y vemos ejemplos de nuestros mayores haciéndolo, desde que tenemos conciencia, es obvio que aprendemos a hacerlo casi si esfuerzo consciente de nuestra parte. También nos lleva a hacer una elección inconsciente de ese modelo de vida, ya que no conocemos otro. No es una elección siquiera, parece que “es lo que hay que hacer” como naturalización de una cultura monopólica respecto a los “modelos de vida”.
La globalización, que nos permite “habitar” en todo el planeta a través del “ciberespacio” tendría que habilitarnos a vivenciar otras culturas, otras formas de pensar y actuar, y darnos la posibilidad de elección, que tanto necesitamos en esta cultura monopólica.
Estos tiempos pueden ser los más propicios para la iniciación de algo nuevo. Eso estaría muy bien para esta cultura aburrida, que ya recurre cada vez más a las drogas y otras prácticas para eludirse de la realidad fastidiosa.
Necesitamos conocer otros lugares donde “habitar” y poder encontrar la felicidad y la autoestima que merecemos como “hijos de Dios”, y tal vez sea tratando de estar más cerca de su “hábitat” que el de la tierra.
Lic. Alejandro Giosa
Crecer o crecer
El proceso de crecer como todo proceso de cambio es casi siempre trabajoso. No es fácil crecer. En todo sentido, el crecimiento es traumático.
A veces tenemos la opción de decidir no crecer, pero la mayor parte de las veces el crecimiento es un camino indefectible, por donde, tarde o temprano, uno no se puede desviar.
Uno, cuando es niño no puede no crecer físicamente, ni detener el efecto del tiempo en el cuerpo. Tampoco podemos salir de ciertas encrucijadas que nos pone la vida. No hace falta nombrarlas, pero un accidente, una muerte, un contratiempo laboral, o familiar, etc., nos obliga a decidir o elegir caminos que no teníamos previsto y que hubiéramos preferido no tener que tomar.
En esos momentos es cuando, de acuerdo a la idiosincrasia de cada uno, podemos elegir entre el camino del crecimiento o de la pasividad. Mucha gente elige la pasividad y parecería ser una forma menos sufriente de afrontar los hechos, porque estamos acostumbrados a que el crecimiento sea doloroso y trabajoso.
Hay un texto que me gustaría compartir con ustedes, desconozco su autor:
Existen dos clases de personas:
Las que pasan la vida soñando; y las que dan vida a sus sueños...
Las que sueñan con logros; y las que logran sus sueños...
Las que siguen las huellas; y las que las dejaron...
Las que ven para poder creer; y las que creen antes de ver...
Las que te pisan al subir; y las que suben a ayudar...
Las que te dan confianza; y las que te la quitan...
Las que dan sin pedir a cambio; y las que te piden el cambio...
Las que se asoman por la ventana; y las que se salen por ella...
Las que nacen, se reproducen y mueren; y las que nacen, producen y nunca mueren...
Queda destacado aquí qué tipo de crecimiento se puede elegir: quién es el pasivo y quién el activo. Está el que está dispuesto a crecer a pesar de todo y quién quiere permanecer, con el ánimo de no sufrir (y seguramente termina sufriendo más que el que se arriesga).
El camino del crecimiento puede ser más trabajoso, pero transitarlo y vivenciar sus efectos, es más divertido y reconfortante que el supuestamente cómodo “permanecer”. La pasividad generalmente se da por el miedo que genera el cambio. Y ya sabemos que lo único permanente es el cambio.
Todo cambio, todo crecimiento es un riesgo que puede servir para mejorar o a veces para empeorar la situación. Por eso es aparentemente más fácil no arriesgarse.
En la vida pienso que no es posible escapar al crecimiento. Es parte de la vida, puede eludirse por un tiempo, pero siempre llega la situación en que ya no podemos elegir y nos vemos obligados a crecer, algunas veces conciente de lo que hacemos y otras forzados a vivir sus consecuencias. Muchos optan por el camino de la “no elección” por la que otros factores o personas van a elegir por ellos (por ejemplo que lo lleven al geriátrico…).
En todo momento podemos elegir ser dueños de nuestras vidas y tomar decisiones más o menos arriesgadas, de acuerdo a nuestros deseos. Lo importante es saber que si no nos hacemos responsables ahora, más adelante vamos a repetir la historia, con menos posibilidad de evitar la situación y con más obligación de hacerlo. En última instancia, si no nos hacemos responsables, siempre otros elegirán por nosotros. Entonces: ¿no es mejor tomar las riendas de nuestro crecimiento mientras tenemos una amplia cantidad de opciones, seamos jóvenes, con energía y ganas, que dejar pasar las oportunidades hasta que solo quede la resignación?
Lic. Alejandro Giosa
A veces tenemos la opción de decidir no crecer, pero la mayor parte de las veces el crecimiento es un camino indefectible, por donde, tarde o temprano, uno no se puede desviar.
Uno, cuando es niño no puede no crecer físicamente, ni detener el efecto del tiempo en el cuerpo. Tampoco podemos salir de ciertas encrucijadas que nos pone la vida. No hace falta nombrarlas, pero un accidente, una muerte, un contratiempo laboral, o familiar, etc., nos obliga a decidir o elegir caminos que no teníamos previsto y que hubiéramos preferido no tener que tomar.
En esos momentos es cuando, de acuerdo a la idiosincrasia de cada uno, podemos elegir entre el camino del crecimiento o de la pasividad. Mucha gente elige la pasividad y parecería ser una forma menos sufriente de afrontar los hechos, porque estamos acostumbrados a que el crecimiento sea doloroso y trabajoso.
Hay un texto que me gustaría compartir con ustedes, desconozco su autor:
Existen dos clases de personas:
Las que pasan la vida soñando; y las que dan vida a sus sueños...
Las que sueñan con logros; y las que logran sus sueños...
Las que siguen las huellas; y las que las dejaron...
Las que ven para poder creer; y las que creen antes de ver...
Las que te pisan al subir; y las que suben a ayudar...
Las que te dan confianza; y las que te la quitan...
Las que dan sin pedir a cambio; y las que te piden el cambio...
Las que se asoman por la ventana; y las que se salen por ella...
Las que nacen, se reproducen y mueren; y las que nacen, producen y nunca mueren...
Queda destacado aquí qué tipo de crecimiento se puede elegir: quién es el pasivo y quién el activo. Está el que está dispuesto a crecer a pesar de todo y quién quiere permanecer, con el ánimo de no sufrir (y seguramente termina sufriendo más que el que se arriesga).
El camino del crecimiento puede ser más trabajoso, pero transitarlo y vivenciar sus efectos, es más divertido y reconfortante que el supuestamente cómodo “permanecer”. La pasividad generalmente se da por el miedo que genera el cambio. Y ya sabemos que lo único permanente es el cambio.
Todo cambio, todo crecimiento es un riesgo que puede servir para mejorar o a veces para empeorar la situación. Por eso es aparentemente más fácil no arriesgarse.
En la vida pienso que no es posible escapar al crecimiento. Es parte de la vida, puede eludirse por un tiempo, pero siempre llega la situación en que ya no podemos elegir y nos vemos obligados a crecer, algunas veces conciente de lo que hacemos y otras forzados a vivir sus consecuencias. Muchos optan por el camino de la “no elección” por la que otros factores o personas van a elegir por ellos (por ejemplo que lo lleven al geriátrico…).
En todo momento podemos elegir ser dueños de nuestras vidas y tomar decisiones más o menos arriesgadas, de acuerdo a nuestros deseos. Lo importante es saber que si no nos hacemos responsables ahora, más adelante vamos a repetir la historia, con menos posibilidad de evitar la situación y con más obligación de hacerlo. En última instancia, si no nos hacemos responsables, siempre otros elegirán por nosotros. Entonces: ¿no es mejor tomar las riendas de nuestro crecimiento mientras tenemos una amplia cantidad de opciones, seamos jóvenes, con energía y ganas, que dejar pasar las oportunidades hasta que solo quede la resignación?
Lic. Alejandro Giosa
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