El hábito es costumbre. En el caso del monje el hábito es su vestimenta. Y podría significar que el monje tiene por costumbre usar ropa. Es decir un tipo especial de ropa, lo que hace que su hábito sea su ropa de monje, que además de su hábito, es su costumbre…
Como quiera que sea, su ropa o su costumbre, estamos hablando de cosas materiales (ropa) o de acciones mecánicas repetitivas (costumbre).
En el caso del monje es muy evidente cuándo no se cumple con los hábitos, ya que el habito lo delata, (es algo desagradable encontrarse con un monje sin ropa…) o haciendo cosas que no le corresponde.
En el caso de los psicólogos por ejemplo es más difícil saber cuando se está actuando como persona o como psicólogo. No tenemos una vestimenta que nos defina. A veces uno da una opinión como psicólogo y creen que lo que estamos diciendo lo decimos como pensamientos personales. Y lo contrario también pasa, no damos una opinión cuando esta afectaría negativamente a la persona. Si el médico está con un paciente moribundo irremediablemente, no debería darle su opinión al mismo. Siempre puede haber milagros y además de nada vale preocupar al que no puede hacer nada por remediarlo.
Tuve un profesor en la facultad que decía que el hábito de los médicos, de usar guardapolvo es importante, porque lo usan como “escudo” que los protege de la gente que lo rodea. Supongo que quería decir que el uniforme lo identifica con un “status” determinado que culturalmente significa un trato particular, que le da autoridad para decidir, opinar y también para tener sus reservas. Lo mismo que en el caso de los policías no es lo mismo que nos “hable” un uniformado que la misma persona estando de civil.
Creo que el uso de una indumentaria determinada ayuda a establecer las referencias que se necesitan dentro de una organización para poder seguir organizados. De hecho la no uniformización se entiende generalmente como una desclasificación de las responsabilidades. Estar uniformados contribuye a la organización, pero no garantiza que las funciones que representan sean las que se cumplen. El hábito no hace al monje…y hoy esto se da más que nunca.
El uniforme establece lo que uno tiene que hacer y decir dentro de una organización. Pero si bien las funciones la mayoría de los casos, deben cumplirse, los pensamientos del uniformado no siempre coinciden con lo que se dice.
En realidad en esta nueva cultura posmoderna, está bien visto que uno no piense lo mismo de lo que “tiene” que decir, porque sino se estaría afectando la libertad de pensamiento, que es tan sagrada como el voto secreto, y bien relacionado que están entre ellos…
Esto parecería que lleva a un alto grado de hipocresía, porque que un monje católico no crea en Dios o que un policía no crea en la justicia, o que alguien diga ser de un partido y vote a otro, no implica ningún desequilibrio. La flexibilidad en la opinión (al igual que la flexibilidad laboral) son pilares de la sociedad neoliberal actual. Es fundamental para que este régimen siga vigente, y con gran capacidad de generar beneficios económicos para esos pocos afortunados.... Se invierte mucho en mantener las cosas así. El hábito no hace al monje, y qué bueno que sea así…sino lo fuera la gente podría tener ideologías rígidas y fuertes y eso podría desequilibrar el maravilloso sistema imperante. Si todos se creyeran la función que ocupan, e hicieran lo que tienen que hacer y pensaran lo que tienen que pensar, no podría haber políticos corruptos que vayan tras el dinero y el poder. No podrían gobernar los presidentes que tenemos. La flexibilidad permite, que digan una cosa y hagan otra. Eso es libertad, eso es flexibilidad. ¡Y qué bueno!¿No?.
Esta flexibilidad nos llevará a un mundo justo, tal vez no muy disciplinado, pero si con igualdad de posibilidades, como por ejemplo la que todos hagamos y digamos cosas que después no vamos ni a hacer ni a volver a pensar. Así vamos a ser todos iguales y con los mismos derechos pero sin los tediosos deberes.
¿Hay algo más maravilloso que la libertad de hacer lo que uno quiere y pensar cualquier otra cosa, sin contradicciones internas? Con la rígida cultura vieja se cumplía el viejo adagio chino que decía “Las palabras proferidas nos hacen esclavas suyas, las omitidas son esclavas nuestras”. Pero con esta nueva cultura nos liberamos de estos rígidos mandatos, y ya no necesitamos cumplir con nuestras palabras. Y como si esto fuera poco también tenemos la libertad de permitir que otros tampoco cumplan con sus palabras y puedan hacer lo que quieran, hayan o no dicho que lo harían.
Es una forma de liberarnos de los “hábitos”, que nos mantienen oprimidos para poder “vestirnos” como más nos guste sin tener que cumplir con rígidas reglas, normas o mandatos. La disciplina ya no hace más falta para poder vivir en sociedad.
Ésta es la sociedad que queremos para nuestros hijos, ¿qué mejor cosa podemos dejarles? ¿No es así…?
Lic. Alejandro Giosa
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